El sacerdote brasileño Adelir Antonio de Carli, de 42 años, murió después de quedar a la deriva sobre el océano Atlántico durante un arriesgado vuelo sostenido por 1.000 globos inflados con helio. Este insólito hecho tenía un propósito específico.
Una falla en el GPS que debía guiarlo, un brusco cambio de vientos que lo empujó mar adentro y la imposibilidad de comunicarse de forma estable con su equipo de apoyo influyeron en la muerte del religioso.
Cuando finalmente fue encontrado, 75 días después, el mar había terminado lo que comenzó como una misión humanitaria convertida en hazaña aérea. Solo fue hallado la mitad del cuerpo.
La idea del sacerdote no nació de la temeridad sino de su deseo de recaudar fondos para su parroquia en Paranaguá, en el sur de Brasil. Su objetivo era financiar la construcción de un centro de descanso para camioneros, un proyecto que venía promoviendo desde hacía meses. Para llamar la atención pública y movilizar donaciones, decidió emprender un vuelo experimental sostenido por globos, práctica que ya había puesto a prueba con éxito unos meses antes.
En enero de 2008, De Carli había realizado una travesía de cuatro horas utilizando 600 globos de helio, alcanzando más de 5.000 metros de altitud. Esa experiencia lo animó a intentar algo más ambicioso: batir el récord mundial de vuelo prolongado en globos y permanecer en el aire por unas 20 horas.
Así fue el viaje del sacerdote Adelir Antonio
Para el viaje del 20 de abril de 2008, el sacerdote se equipó con un paracaídas, chaleco salvavidas, dos celulares y un GPS que, según los investigadores, terminó registrando fallas en pleno vuelo. Pese al respaldo de un equipo en tierra, las comunicaciones se fueron debilitando con el paso de las horas.
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La última frase que escucharon sus acompañantes fue una señal de preocupación:“¿Están viniendo o no están viniendo?”
A esa hora, el viento ya había empezado a empujarlo hacia el litoral y luego mar adentro, alejándolo por completo de la ruta prevista entre Paranaguá y Dourados, cerca de la frontera con Paraguay.
Durante las primeras ocho horas, un controlador aéreo seguía su ubicación con relativa precisión. Luego, el rastro satelital se perdió. Equipos de rescate activaron un operativo que se extendió por aire y mar. Dos días después, los globos fueron avistados flotando en el océano, cerca de la última posición registrada.
Sin embargo, el cuerpo del sacerdote no apareció sino dos meses después, cuando tripulantes de un remolcador encontraron restos humanos en aguas de Macaé, al noreste de Río de Janeiro. Las pruebas de ADN confirmaron que se trataba de De Carli.
Los últimos mensajes del sacerdote
Antes de desaparecer, el sacerdote alcanzó a reportar que “gracias a Dios estoy bien de salud, con la conciencia tranquila. Hace mucho frío aquí arriba, pero todo está bien”, lo que para los investigadores indica que aún mantenía conciencia antes de quedar completamente a la deriva. Testigos de la parroquia recuerdan que su último contacto se dio hacia las 7:40 p. m., ya sobre mar abierto.
Según colaboradores, su motivación final había sido superar el récord de otro aventurero, un estadounidense que logró volar 19 horas sostenido por globos.
En Paranaguá, su comunidad lo recuerda no por la tragedia, sino por la causa que lo impulsó: ayudar a otros aun cuando eso implicara elevarse, literalmente, más allá de los límites posibles.
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