Un nuevo homicidio sacudiría a Los Drilos. La banda criminal de Villa del Rosario vuelve a estar en el ojo de las autoridades tras el asesinato de Yeison Omar Portilla Moncada, quien, según información judicial, sería integrante de esta estructura dedicada al microtráfico y al homicidio en el municipio.
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Las pistas que sustentan esta hipótesis provienen del conocimiento previo de las autoridades, pero también de unas presuntas calcomanías alusivas a la organización, encontradas dentro del carro en el que fue asesinado.
Su muerte, ocurrida en la tarde de ayer, 7 de abril, no fue una casualidad ni una coincidencia. Se trató de un crimen perfectamente ejecutado, en el que los asesinos no dejaron posibilidad alguna de que continuara con vida.
Esto fue confirmado por la reacción de uno de los testigos, quien al acercarse a la escena y abrir la puerta del vehículo dijo: “No hay nada que hacer”. La frase retumbó en el lugar, mientras algunos se llevaban las manos a la cabeza y otros observaban en silencio la sangrienta escena.
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Minutos antes
Pasadas las 2:30 p.m., Yeison, a bordo de un Chevrolet Spark GT gris, de placa JGY-266, salía de una latonería ubicada sobre la doble vía del barrio La Victoria, que conduce a la glorieta del Palustre. Era seguido por un amigo que se movilizaba en otro carro, a pocos metros de distancia.
Lo cierto es que a Yeison le estaban haciendo ‘cacería’, pues sus persecutores ya lo tenían ubicado y esperaron pacientemente a que saliera del taller, encendiera el equipo de sonido, pusiera música -trap- arrancara el motor y se pusiera en marcha: lo último que pudo hacer en vida.
Apenas pasaron unos segundos desde que inició su recorrido, seguido por su amigo, cuando por la parte trasera aparecieron dos motocicletas, cada una con un sicario a bordo. El objetivo era claro: él. Su acompañante resultó ileso.
El primer disparo, hecho desde atrás, impactó en la carrocería del vehículo. Fue una advertencia de lo que vendría después. Las motos aceleraron hasta ponerse en paralelo al Spark GT, a la altura de la ventana del conductor, sobre la avenida 17, entre calles 3 y 4.
Allí continuó el ataque: cerca de 20 disparos, en dos momentos. Primero, una ráfaga de al menos ocho tiros a quemarropa, que lo habrían dejado gravemente herido.
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Pero no fue suficiente. Cuando la víctima ya no respondía, perdió el control del vehículo, dejó de acelerar y el carro se detuvo en plena vía. Metros más adelante, las motocicletas también pararon para rematarlo.
Los agresores continuaron disparando, esta vez contra la parte frontal, dejando más de 10 impactos en el parabrisas y el capó. Solo entonces huyeron del lugar.
Trabajadores de este sector comercial salieron a ver lo ocurrido y encontraron al hombre sin vida dentro del carro. De fondo sonaba una última canción que, según las autoridades, hacía referencia a violencia, armas y homicidios.
De acuerdo con las autoridades encargadas del levantamiento, en el vehículo había calcomanías que evidenciarían su presunta relación con Los Drilos, por lo que no se descarta que se trate de un ataque entre bandas.
Se conoció, además, que el hombre tenía anotaciones judiciales por los delitos de fuga de presos y porte ilegal de armas de fuego.
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