Mientras en Estados Unidos y en gran parte del mundo los ojos están puestos en el cielo por la más reciente misión espacial, en el Catatumbo alzar la vista se ha convertido en un acto de miedo. Desde arriba llega una guerra silenciosa y letal entre la disidencia de las Farc y el Eln.
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Esta confrontación, ampliamente historiada, tuvo un nuevo capítulo recientemente con la muerte de Wilder Arévalo García, la inculpación mutua entre el Eln y la disidencia de las Farc por ese hecho y, ahora, la destrucción de una fábrica clandestina de explosivos en Tibú.
El hallazgo se dio en zona rural del municipio. Luego del más reciente asesinato, perpetrado mediante atentados de este tipo, uniformados del Ejército lograron ubicar esta estructura, presuntamente perteneciente al Frente 33, cuyos integrantes habían tomado la base de dos torres eléctricas, cubiertas con lonas negras, para improvisar un cambuche.
Allí, además de adecuar pequeñas habitaciones donde dormían quienes se dedicaban a ensamblar drones explosivos, hallaron abundante material de guerra, incautado en la vereda Versalles.
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El complejo ilegal para la elaboración de explosivos improvisados contaba con seis estructuras. En el lugar encontraron 320 detonadores, 120 granadas artesanales para dron, 80 kilogramos de explosivos, 8 minas antipersonal, 4 cilindros de 40 libras, 3 rampas de lanzamiento y 15 metros de mecha lenta. Además, 344 unidades de munición de diferentes calibres, 4 controles para drones, un dron y 14 hélices para estas aeronaves.
Adicionalmente, hallaron dos motocicletas y diferentes equipos de comunicación de uso privativo de las Fuerzas Militares, así como prendas de uniformes camuflados, botas, gorros e incluso cascos.
El coronel Camilo Ernesto Contreras Suárez, comandante de la Fuerza de Despliegue Contra Amenazas Transnacionales del Ejército, explicó el funcionamiento de estas nuevas herramientas de guerra: “Encontramos más de cien granadas adaptadas para ser utilizadas con drones y atentar contra la población civil”, precisó.
El oficial también informó que se restableció la movilidad por este punto, clave para el accionar de dicho grupo guerrillero, pues, según información judicial, desde allí se coordinaban ataques explosivos contra la Fuerza Pública.
Se conoció que esta es la primera vez que las autoridades encuentran un cambuche de este estilo. El mismo, construido en pequeños espacios cerrados con puertas metálicas en las bases de las torres, tenía incluso colchones y ventiladores para la comodidad de los “ingenieros”.
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