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Históricos
Notas breves de 1942 (1)
Mientras el mundo se sumergía en una horrible beligerancia, en la apacible y calurosa Cúcuta, la vida transcurría tranquilamente al paso de sus esperanzas y de las veleidades propias de los pueblos tropicales.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 7 de Marzo de 2026

Mientras el mundo se sumergía en una horrible beligerancia, en la apacible y calurosa Cúcuta, la vida transcurría tranquilamente al paso de sus esperanzas y de las veleidades propias de los pueblos tropicales, indiferentes a las circunstancias que agobian a las demás regiones de un mundo que apenas comienza a despertar del largo y angustioso sueño de la libertad.

La prensa escrita, en general, combinaba las noticias del diario acontecer entre los sucesos políticos, económicos y sociales del país y la región, con las contingencias de la pelotera que se escenificaba en el viejo continente y que amenazaba con extenderse, como efectivamente sucedió, al oriente del mundo con el reciente ingreso del país del crisantemo a la contienda.

Dominaban la audiencia periodística de la ciudad, los diarios Comentarios y El Trabajo, de los cuales hemos extraído, las noticias breves que se publicaban en la fecha del título de esta crónica.

Comenzaremos por reseñar una noticia publicada en el periódico Comentarios, en julio del año en mención, relacionada con un artículo publicado en el diario El Siglo de la capital del país, firmado por el muy respetable presbítero Daniel Jordán, párroco de la iglesia de San José.

El artículo se titulaba “Punto Final” y en él, el reverendo Jordán buscaba calmar y apaciguar los ánimos que se habían caldeado a raíz de unas controversias que se desataron con unos personajes de la política que la Iglesia Católica consideraba se excedieron en sus ataques contra algunos miembros de esa jerarquía.

El artículo del padre Jordán trataba como lo decía su encabezado de dar por terminada la polémica y de pasar la página sobre el asunto. Sin embargo, la nota escrita por nuestro conocido sacerdote, no fue del agrado de la Autoridad Eclesiástica, que de inmediato expidió una declaración en la que desautoriza al clérigo.

Para mayor claridad, me permito transcribir algunos apartes de la Instrucción expedida por el señor Arzobispo de la Curia Primada de Bogotá, en ese momento la mayor autoridad eclesiástica del país: “(…) por cuanto varias personas se han acercado a esta Curia Primada a preguntar si el artículo publicado en El Siglo de ayer por el presbítero Daniel Jordán, puede ser considerado como suficiente satisfacción presentada por el mencionado periódico y su director a la Autoridad Eclesiástica, de acuerdo con lo que exige el canon 2.344, oportunamente citado en la Instrucción del excelentísimo señor Arzobispo de Bogotá, de fecha 16 de los corrientes, de orden del mismo señor Arzobispo, SE DECLARA:

1. El señor presbítero Daniel Jordán no pertenece al clero de la Arquidiócesis, ni en la presente ocasión se ha acercado a esta Curia a recibir las debidas licencias para ejercer el sagrado ministerio que la Arquidiócesis que, por otra parte, no puede lícitamente escribir en los periódicos sin la venia y consentimiento de su ordinario, al tenor del canon 1.386 y sin la previa censura eclesiástica que prescribe el canon 1.385, parágrafo 1 n.2, para ‘todo escrito en que haya algo que interese de manera peculiar a la religión’, no representa en forma alguna el pensamiento de esta Curia, ni menos está autorizado para señalar términos a sus actuaciones.

2. El prelado acoge complacido el propósito expresado por el señor director de El Siglo, en su edición de hoy de poner un punto final. Pero advierte que para dar la cumplida satisfacción que exige el canon 2.344 de quien ha injuriado a las personas investidas de autoridad sagrada en la Iglesia, y que el mismo canon enumera concretamente, no basta expresar de forma abstracta que ‘no ha habido ninguna intención de injuriar la autoridad de la Iglesia’ ya que contra casi todas las personas mencionadas en el citado canon se han hecho los cargos concretos y gravemente injuriosos que se rememoran en la páginas 2, 3 y 5 de la Instrucción del excelentísimo señor Arzobispo de Bogotá de fecha 16 del presente mes”. P

ara abreviar la extensa declaración del señor Arzobispo, ésta concluye con una advertencia a los fieles para que no se dejen influenciar con afirmaciones que no proceden de la autoridad eclesiástica que es la única autorizaba para dar por terminada la controversia.

En relación con esta noticia, es necesario aclarar que en Cúcuta, esta controversia pasó desapercibida por la gran mayoría del público que veía en el padre Jordán como un verdadero líder de la comunidad religiosa, cuyos sermones dominicales eran la verdadera palabra de Dios que había que respetar y obedecer.

Por esa misma fecha, el señor alcalde Cúcuta, Marco Fidel Colmenares, se comprometía con la expansión de la ciudad al firmar el decreto del 2 de julio mediante el cual se decretaba la expropiación de un terreno de cinco hectáreas, escogido para la construcción del Barrio Popular de Cúcuta. El acto de expropiación había sido autorizado previamente por el Honorable Concejo a pedido de la Junta de Vivienda Popular.

Para proceder al cumplimiento de este requerimiento se citó a los propietarios del predio, el señor Juan Tomás Sayago y las hermanas, señoritas Ilda, Isolina y Ana Francisca Bautista. Una vez notificadas las partes, éstas manifestaron su voluntad de llegar a un arreglo satisfactorio con la Junta de Vivienda, a fin de realizar las negociaciones sin necesidad de adelantar un juicio de expropiación más largo y dispendioso.

La administración municipal aspiraba concluir en los próximos días el trámite que permitiera el desarrollo del proyecto de vivienda que se planeaba y poder enviar a la mayor brevedad los planos requeridos, al ministerio para que fueran aprobados y girado el primer contado del empréstito para dar comienzo a la construcción del hoy conocido como el Barrio Popular de la ciudad.

El presupuesto aprobado para dicha construcción fue de $180.000. Para terminar, la noticia de un estreno en el Teatro Guzmán Berti; el 4 de agosto, debutaba la gran compañía de Revistas Mágicas que dirigía el notable y afamado mago chino Li Ho Chang, cuyo espectáculo según las notas de farándula de la época catalogaban como algo maravilloso, original y fantástico. Durante dos días se presentó este espectáculo, con una nutrida participación de público que se maravillaba con actos de magia nunca antes vistos.

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