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Frontera
Una visita al paso fronterizo
Centenares de colombianos y venezolanos tratan de regular su estadía; mientras unos van de salida, los otros llegan.
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Viernes, 4 de Septiembre de 2015

De este lado, el puente internacional Simón Bolívar sigue atestado de viajeros que esperan pasar a Venezuela. Mientras ellos se disponen a dejar territorio colombiano, al otro lado, decenas de colombianos tratan de regular su situación en ese país.

Las filas son largas y las hay para todas las necesidades de la crisis fronteriza. A un extremo de Migración Colombia, decenas de madres llegaron en busca de un cupo escolar para sus hijos.

Mientras ellas esperan su turno, los pequeños se protegen del sol bajo la carrocería de la una unidad móvil de la Universidad de Antioquia, que atiende a las personas con leves quebrantos de salud.

En dos puestos contiguos, Migración Colombia registra a los repatriados que van llegando. Los que solicitan albergue deben esperar un par de horas para que los instalen. El mismo día del registro los ubican.

Los que necesitan un camión para una mudanza, lo pueden encontrar acá. Cinco camiones de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres están estacionados, a la espera de que el gobierno venezolano les de el visto bueno y puedan pasar a traer las pertenencias de los colombianos.

Una de los puntos más visitados esta mañana es el de la Registraduría. Hasta allí llegan decenas de colombianos que perdieron sus papeles al salir de Venezuela, o aquellos que quieren nacionalizar a sus hijos.

Esta semana, la Registraduría Nacional atendió a 1.250 personas, cerca de 250 al día. El 70 por ciento de la población atendida era menor de edad. Trámites de registros civiles, y duplicados de cédula o tarjetas de identidad, coparon la atención de la oficina.

Personal de la Defensoría del Pueblo y del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar se encargan de resolver las dudas de los deportados y les explican las rutas de acción de acuerdo a sus necesidades.

La solidaridad cucuteña también está presente en este escenario. Mientras las familias hacen fila, un grupo de voluntarios reparte agua, café, y chocolate.

Los vendedores ambulantes también llegaron hasta este sector, sin embargo no les ha ido muy bien pese a que centenas de personas están en el paso fronterizo. La mayoría llega con los bolsillos vacíos.

Sobreviviendo a la crisis

En medio de este panorama Jacob Corzo, uno de los repatriados, quiere ganarle la batalla a la crisis, y empezó desde hace una semana a vender agua y dulces a sus compatriotas.

Encontró en las ventas informales una opción laboral mientras averigua cómo gestionar nuevas ayudas para su familia, la cuál está instalada en el albergue del estadio de Villa del Rosario.

“Mi esposa y mis tres hijos están en el albergue. Yo salí de ahí porque no podía entrar y salir a cada rato y necesitaba una fuente de ingreso para empezar una nueva vida”, relató Corzo.

De tener su propia bodega de alimentos pasó a ser vender ambulante. Le tocó prestarle a un gota a gota 100 mil pesos para comprar los productos. Su trabajo inicio a las 6 a.m., al caer la noche visita a su familia en el albergue.

 

 

 

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