Aparentemente, las 400 personas instaladas desde el domingo pasado en el Hotel La Unión en La Parada, otro de los albergues, son las que están en mejores condiciones. Unas 310 pudieron dormir en habitaciones con baño privado y camas, y otras 90 en carpas en la entrada del hotel.
Sin embargo, este miércoles se iniciaron las quejas en este albergue. Al mediodía no habían recibido un bocado de comida en todo el día. La razón: el contrato de alimentación con el hotel caducó.
“A nosotros nos dijeron que iban a trabajar con un operador grande que iba a tener todos los albergues, pero la gente nos sigue reclamando por la comida”, explicó una de las trabajadoras del hotel.
“Ojalá estuviera en un coliseo o un parque, así fuera en cambuches, pero con algo de comida. No tengo nada qué darles a mis hijos”, dijo Cecilia Rueda.
La problemática alimentaria también toca al resto de los albergues, en menor proporción. En el coliseo de la Universidad Francisco de Paula Santander se quejaron por las demoras en las entregas de comidas.
Los repatriados alegan que el desayuno se da a deshoras. Como hay dos operadores alimentarios en el coliseo, la mitad de las personas recibe desayuno a eso de las 8 a.m. y el restante hasta las 11 a.m. como sucedió ayer.
“Primero llega los desayunos de un grupo, y a las dos horas los del otro y los niños se quedan mirando. Deberían ser más equitativos”, explicó Mercedes Sánchez, afectada.
“Los alimentos son buenos, solo que no hay un horario fijo para ellos. Ayer almorzamos a las 2 p.m. y la comida la entregaron a las 9 a.m.”.
Las comidas llegan ya preparadas a los albergues y la entrega se hace por familias en las carpas, para evitar filas y desorden en la repartición.
Generalmente reciben al desayuno pan, huevos revueltos, un jugo y una fruta. Al mediodía el almuerzo es sopa, arroz, pollo o carne y papa, y en la noche la cena es caldo y arepa.
Las quejas alimentarias fueron escuchadas por el presidente Juan Manuel Santos, qué hizo un llamado a su gabinete, para que vigilen y pongan en cinta a las empresas contratistas encargadas de las comidas en los albergues.
