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Frontera
De Venezuela al Putumayo
Esta es la travesía que vivó un colombiano deportado de Venezuela.
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Viernes, 4 de Septiembre de 2015

Óscar Jamioy llegó la mañana del pasado 30 de agosto a la terminal de Mocoa capital el Putumayo, procedente de Cúcuta, luego que la Guardia Nacional de Venezuela lo deportara el pasado 24 de agosto tras señalarlo de paramilitar. 

En su cara se notaba el cansancio de casi 27 horas de viaje desde Cúcuta hasta Mocoa, y en su voz el dolor de haberlo perdido casi todo luego de 11 años de trabajo como médico tradicional del pueblo Kamentsá. 

“Yo tenía un programa de radio en San Antonio, donde residía en una pequeña casa que estaba construyendo con el dinero que ganaba con mis rituales del yagé”, señalo Jamioy, quien subrayo que no le dieron tiempo de sacar nada porque fue montado en una camioneta a la fuerza para llevarlo a un centro de emigración para su deportación y acusado de ser colaborador de grupos paramilitares. 

Afirma que él gozaba de buen prestigio en la región sobre todo en poblaciones como Colón, Ureña, y Las Delicias, a las que viajaba constantemente a curar enfermos con sus yerbas y a hacer rituales de yagé, y dice que en la radio le iba muy bien ya que su programa día tras día tenía más sintonía no solo entre los colombianos sino entre los mismos venezolanos. “Curé muchos enfermos”, sostiene. 

Una situación parecida vivieron las hermanas Nelly y Patricia Chindoy, de 27 y 23 años de edad, respectivamente, quienes horas antes también habían llegado a Mocoa procedentes de Venezuela, deportadas por el Gobierno del presidente Nicolás Maduro, por indocumentadas. Dicen que llevaban dos años y tres meses trabajado en San Antonio del Táchira en oficios varios en casas de familia de la población fronteriza. 

A ellas les marcaron la casa con la letra D y en pocas horas fueron llevadas a la fuerza por la Guardia Nacional que le permitieron en 10 minutos empacar algo de ropa y otros objetos entre ellos algo de dinero que tenían guardado en un tarro de galletas y que les servía de cofre. 

Los tres connacionales por fortuna no habían tenido hijos en ese país, por lo tanto su destierro no es tan dramático como el de otros compatriotas que los separaron de sus hijos. 

Por ser colombianos 

Óscar argumenta que él llego a ese país por invitación de un paisano que también practicaba la medicina tradicional y que le estaba generando muy buenos ingresos económicos. Las hermanas Chindoy llegaron a San Antonio en busca de una oportunidad laboral promovida por una tía quien por años trabajó allá y cada vez que llegaba al pueblo en vacaciones las motivaba para que se fueran con ella. 

Aseveran que nunca tuvieron vinculación alguna con grupos armados ni con bandas criminales ni nada que fuera ilegal, y que su deportación se dio por ser colombianas y vivir en el barrio de invasión Las Berinitas, en San Antonio, estado del Táchira. 

“A mí me pretendía un pimpinero que iba mucho a mi casa, él llevaba gasolina de Venezuela a Colombia por los pasos clandestinos”, asevero Patricia, mientras que a Nelly lo único que le importaba era hacer un curso para trabajar en un salón de belleza. 

El médico indígena con sus 11 años de trabajo mandaba dinero para la ayuda de su mamá en Sibundoy, cada mes viajaba hasta Cúcuta y hacia un giro que una de sus hermanas reclamaba y de paso aprovechaba para recoger el yagé que le mandaban de Sibundoy con el cual hacia sus rituales. 

“Hoy no tengo nada, solo las ganas de volver a empezar y sé que lo voy a lograr”, señala el médico tradicional quien el próximo 15 de septiembre cumple 38 años de edad. 

Sin ayudas 

Los tres deportados llegaron a Mocoa para seguir a Sibundoy sin ningún tipo de ayudas, tan solo con algo de dinero que tenían en sus bolsillos y que les alcanzó para pagar los pasajes del transporte intermunicipal. 

El médico tradicional tuvo que empeñar un anillo de oro por el cual le dieron $250 mil de los cuales tan solo le quedan $70 mil, lo que él considera su gran fortuna en medio del infortunio. “Mis corotos quedaron tirados y a lo mejor ya se los robaron”, lo dice con algo de sentimiento. 

El futuro 

Incierto es el futuro de estas tres personas ya que de cero tendrán que partir nuevamente pero con una gran ventaja y es que tienen a la totalidad de su familia en Putumayo y las ganas de luchar a pesar de todo, como coincidieron os tres borrón y cuenta nueva.- 

Según la Secretaría de Gobierno Departamental,en los próximos días más putumayenses pueden llegar deportados del vecino país por lo cual se está preparando un plan de contigencia para su atención, según confirmó David Ureña, jefe de ese despacho oficial. 

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