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Frontera
150 deportados por poco duermen en las calles
Después de una larga espera, las autoridades pudieron encontrar un albergue donde alojarlos.
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Sábado, 29 de Agosto de 2015

Organizaciones que están apoyando a los deportados y refugiados en La Parada denunciaron que nuevos grupos familiares han llegado a este corregimiento en las últimas horas y no tienen dónde albergarse.

Óscar Calderón, coordinador del Servicio Jesuita a Refugiados en Norte de Santander, dijo que hasta las 8:00 de la noche a un grupo de 150 personas, provenientes de Venezuela, no habían logrado ubicarlos en ningún albergue, a pesar de haber llegado desde esta mañana.

Niños, jóvenes, adultos y ancianos que lograron cruzar la frontera a escondidas de la Guardia Nacional Bolivariana, sufrieron las consecuencias de la desorganización gubernamental.

Según Jairo Enrique Jaimes, quien viene de San Antonio, cuando logró cruzar la frontera las personas le dijeron que tenía que ir para un colegio, pero allí no les dieron solución.

“Aquí nos hicieron dar vueltas y luego para el colegio Unet. Allá no nos prestaron el servicio porque nos dijeron que si no veníamos de Migración no nos atendían. Entonces nos hicieron dar otra vuelta, nos mamamos un aguacero, y si no es por un man que iba pasando en una camioneta que nos regaló 20 mil pesos, no habríamos podido llegar aquí”, relató Jaimes.

Los refugiados permanecieron a las afueras del templo parroquial de La Parada, hasta cerca de las 10 de la noche. Allí, miembros de la organización Jesuita y de las Naciones Unidas, les llevaron alimentos.

 “Nosotros salimos voluntariamente, hemos tenido un drama porque aquí no nos pueden dar alimentación o posada. Los Jesuitas nos dieron comida, pero el gobierno aún no nos ha dado una solución. Allá nos dijeron que somos unos aprovechados”, dijo Yolima Orozco quien salió voluntariamente de Mérida, con tres hijos venezolanos.

Otro grupo de afectados contó que los uniformados venezolanos los tenían como presos, por eso en un descuido se arriesgaron y huyeron a territorio colombiano.

“A mí me trataron de narcotraficante, yo logré huir con los niños. Llegaron, nos sacaron y se llevaron el arroz que teníamos en la casa.  No sé dónde está mi esposo”, dijo

La Policía Nacional también apoyó la causa y les hizo acompañamiento mientras llegaron las ayudas y finalmente pudieron albergarlos temporalmente en un lugar.

Antes de partir en un bus que los trasladaría a otro colegio para pasar la noche un deportado mencionó, “lo único que le pido al gobierno es que se ponga la mano en el corazón y nos eche una ayudadita, porque estamos mal”.

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