La aparición de un supuesto chamán durante el concierto de Ryan Castro en Medellín no solo se volvió viral en redes sociales, sino que abrió una pregunta: ¿qué hacía una figura asociada a prácticas ancestrales en medio de uno de los espectáculos urbanos más grandes del país?
El hecho ocurrió la noche del 25 de abril en el estadio Estadio Atanasio Girardot, donde cerca de 50.000 personas asistieron a un show de más de cuatro horas que reunió a artistas como J Balvin, Feid y Maluma. Sin embargo, más allá de la magnitud del espectáculo, lo que terminó captando la atención fue la presencia de un hombre con atuendos ceremoniales en la parte trasera del escenario.
Videos difundidos en redes sociales mostraron al personaje aparentemente concentrado en algún tipo de ritual, lo que llevó a varios asistentes a afirmar que se trataría de un “chamán” cuya función sería evitar la lluvia. La teoría cobró fuerza porque, aunque durante el concierto cayó una llovizna leve, esta duró apenas unos minutos y no afectó el desarrollo del evento.
Incluso, algunos usuarios identificaron al hombre como un sabedor indígena vinculado a tradiciones muiscas, lo que alimentó la idea de que su presencia respondía a un conocimiento ancestral relacionado con el clima.
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La presencia de chamanes en eventos importantes
Aunque para muchos la escena puede parecer inusual o incluso supersticiosa, lo cierto es que la presencia de figuras espirituales en eventos públicos no es nueva en Colombia. Existen antecedentes documentados en los que organizadores han recurrido a este tipo de prácticas, especialmente en actividades al aire libre.
Uno de los casos más conocidos es el de Jorge Elías González, quien durante décadas fue contratado por entidades públicas y organizadores de eventos para “controlar” la lluvia. Según reportes periodísticos, llegó a recibir pagos de entre 800 y 2.000 dólares por intervenir en festivales, conciertos e incluso actos oficiales como la posesión presidencial de Juan Manuel Santos en 2010.
De acuerdo con esas versiones, González utilizaba técnicas como la radiestesia —una práctica que, según sus defensores, permite percibir y manipular energías naturales— para desviar tormentas o reducir su intensidad. En entrevistas, él mismo afirmaba que podía “controlar el invierno en un 90%”, aunque también rechazaba ser llamado chamán.
Este tipo de prácticas, no obstante, no deben entenderse únicamente desde la lógica del espectáculo o la eficacia. Desde la antropología, el chamanismo forma parte de sistemas de creencias mucho más amplios.
En el caso de Colombia, donde el Estado reconoce decenas de pueblos indígenas, el chamanismo sigue siendo una práctica vigente y protegida. De hecho, espacios culturales como el Festival Internacional de Poesía de Medellín han incorporado rituales chamánicos como parte de sus programaciones, destacando su valor simbólico en la conexión con la naturaleza y la memoria ancestral.
¿Por qué creemos en chamanes?
Lejos de tratarse únicamente de supersticiones, el chamanismo ha sido abordado desde la antropología como un sistema complejo de relación entre el ser humano y la naturaleza. Como expone Jean Paul Sarrazin en el artículo “Representaciones sobre lo indígena y su vínculo con tendencias culturales globalizadas”, publicado en la revista Anagramas (2015), estas prácticas hacen parte de construcciones culturales que reinterpretan lo indígena en escenarios contemporáneos, incluso dentro de industrias como el entretenimiento.
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