El pasado fin de semana se publicaron las últimas encuestas de intención de voto para la Presidencia de la República y en todas, salvo ligeras variaciones en los porcentajes, la fotografía da cuenta del mismo panorama: que una segunda vuelta es casi inevitable, y que la definición será entre el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella o Paloma Valencia.
La tendencia es clara y prácticamente irreversible, aunque candidatos como Claudia López o Sergio Fajardo -por ejemplo- sigan insistiendo en que el centro es el camino en medio de la polarización y que vencer los extremos todavía es posible.
Lea más: Colombianos en el exterior denuncian que se quedaron sin votar en el primer día de elecciones por largas filas y retrasos
Pero, a la luz de estos resultados: ¿qué tanto han incidido las encuestas en perfilar los favoritismos de quienes hoy disputan la recta final? y además, ¿qué tanto pueden influir en la decisión definitiva del votante en las urnas?
La Opinión conversó con expertos para comprender el papel que han venido jugando las encuestas en el último año y si han incentivado o desmotivado a los electores de los diferentes candidatos.
Las encuestas como actor político
Para Mario Zambrano, docente de la Escuela Superior de Administración Pública, las encuestas si bien son herramientas para medir el calor del momento electoral, también buscan incidir en la opinión pública y creer lo contrario es un error.
En este sentido, afirma que “las encuestas no son un espejo pasivo de la realidad”, sino que “se convierten en un actor político que configura la percepción de lo posible en materia de resultado electoral”, dice.
Asimismo, sostiene que actualmente ocurre en Colombia algo que hace tiempo no pasaba y es que “hay una saturación frente al tema de las encuestas”, provocando efectos necesariamente no positivos sobre la ciudadanía.
Señala que estas mediciones no inciden de manera directa y uniforme, sino que operan a través de diversos mecanismos psicológicos, sociológicos y como estrategia electoral.
Lea también: Que Colombia no repita la historia de Venezuela: Paloma Valencia se reunió con María Corina Machado
Explica que desde el carácter psicológico se puede generar, por una lado, el llamado ‘efecto arrastre’, que hace que el elector se alinee con la opción que percibe como mayoritaria o ganadora, para evitar la frustración de la derrota o el aislamiento que puede generar un resultado adverso al esperado.
De otro lado, se da el efecto simpatía, que es generar en el elector una reacción más solidaria y protectora cuando su opción va rezagada, la cual -dice- no es la que se está viendo en el actual escenario electoral colombiano.
Voto real vs. voto útil
Zambrano asegura que otro de los efectos psicológicos que generan las encuestas en el elector es el dilema entre el voto real y voto útil, que aplicado al panorama de los últimos resultados, lo que hace es forzar al elector a evaluar la viabilidad de su candidato preferido.
“Si los datos muestran que su opción ideal no tiene posibilidades reales de pasar a una segunda vuelta o de ganar, el ciudadano tiende abandonar el voto sincero y opta por una especie de voto estratégico”, explica.
Patricia Muñoz, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana, coincide con Zambrano en este punto y destaca, además, el papel determinante de las mediciones tanto para movilizar al electorado indeciso, como para fomentar también la abstención.
Lea además: Carlos Caicedo se baja de la carrera presidencial y respalda a Cepeda
“Los resultados de las encuestas pueden desmotivar la participación electoral cuando muestran que un candidato, al que un ciudadano ya se inclinaba a apoyar, tiene escasas o menores opciones de ganar o pasar a una segunda vuelta. En este caso, el ciudadano puede decidir no participar o abstenerse”, señala.
En el caso de los indecisos, los resultados de las encuestas pueden incentivar la participación electoral cuando muestran una competencia muy cercana entre uno o dos candidatos. “El elector puede sentir que su voto, al ser una elección tan reñida, realmente puede sumar, aportar y marcar la diferencia, lo que lo motiva a participar más”, sostiene.
La narrativa de la ‘carrera de caballos’
Para Mario Zambrano, otra de las narrativas que surgen a partir de los sondeos, es la que asemeja una carrera de caballos, en la cual se abandona el debate en torno a las propuestas y visiones de gobierno de los aspirantes, y se centra en quien sube, baja o se estanca, “lo que convierte la elección en un espectáculo de competencia estadística, que es lo que ha venido ocurriendo últimamente”, apunta.
Desde la perspectiva de los candidatos, tanto los que aparecen punteando, como los que no, las opciones siempre están y las encuestas no son fiables, porque son fotografías de un momento, esto tiene que ver con lo que los expertos llaman efecto de construcción de la viabilidad.
“Una encuesta no solo mide la intención del voto actual, sino que genera las condiciones para el resultado futuro”, apunta Zambrano, asegurando que de esto también han estado cargadas las encuestas de esta contienda, pues “se ve la intencionalidad de algunas, que son muy dudosas y vienen apoyadas por un músculo económico que tiene un interés claro”.
Explica que esto hace que el candidato desfavorecido enfrente una desmovilización de sus apoyos, haciendo que la gente se mueva a otras opciones para no perder el voto, una explicación a lo que estaría sucediendo hoy.
Tras la intensa campaña y la guerra de encuestas, los colombianos tienen cinco días para desintoxicarse de los números y los pronósticos, y pensar en el país que quieren. Al final, el próximo domingo, solo será el elector y el poder de su conciencia en las urnas.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion