Ver jugando a la Selección Colombia de Fútbol ha vuelto a ser un enorme placer: emociona, y mucho; satisface, gana. Es, en fin, un gran espectáculo. ¿Habrá algo más para pedirle?
Claro, lo decimos desde la silla del aficionado común y corriente, muy lejos del pontificado de los especialistas y comentaristas del fútbol.
La orfandad en que nos dejó José Néstor Pékerman —porque para millones de colombianos, aficionados o no, su ida ha sido lamentable— se está paliando con su reemplazo provisional: Arturo Reyes, un samario de 49 años que, silenciosa y eficazmente, está dándole a la selección todo lo bello que ha tenido y que, a veces, se ha perdido por razón de las conveniencias tácticas.
Que tenemos jugadores sensacionales, de los que se dice que podrían jugar sin técnico, es una verdad inobjetable. Solo había que verlos el martes en la noche, en su juego contra Costa Rica. No creemos exagerar si comparamos lo visto con un ballet, con un James Rodríguez de lujo y un grupo de muchachos que deben ser la envidia de otros países.
Lo confesamos: no tenemos la menor idea de si jugar así es como lo exigen las técnicas y los cánones de hoy en día, ni si el planteamiento obedecía o no a las ideas de las estrellas mundiales y los filósofos de la dirección técnica.
Pero estuvimos felices viendo a nuestros muchachos. Muy felices, en verdad, y muy agradecidos por la manera como se entregaron —otra vez, ese James fue la muestra de que tenemos lo que siempre quisimos: un gran equipo— y como a cada paso dejaron el alma.
No hay duda de que lo observado por el público y lo logrado en materia de resultados, es fruto de un trabajo conjunto entre jugadores y dirección técnica. Así, la figura de Arturo Reyes parece imprescindible en un momento de la Selección como el actual. Todo lo que es hoy el equipo tiene que ver, en mucho, con el espíritu insuflado por este ‘desconocido’ técnico de fútbol.
Como defensa que fue durante su carrera deportiva, es curioso que ponga en el ataque sus cartas. Se ha visto en los cuatro juegos en los que ha dirigido al equipo: a cada gol rival, responde con ataques demoledores, al contrario de lo que acostumbran otros, de reforzar su defensa y esperar una oportunidad de, si acaso es posible, ir en busca de anotar.
Los responsables del fútbol colombiano deben tener razones muy poderosas para seleccionar a los directores técnicos, a los que les pagan exorbitantes sumas en dólares para que dirijan la Selección. Igual pasa en otros países.
Algunos de estos técnicos se ganan lo que les pagan, pero infortunadamente, no ocurre así con todos. Pékerman fue de los primeros. Y muy probablemente, los candidatos para reemplazarlo, también tengan la honradez como prioridad de su comportamiento.
Pero, ¿por qué no darle la oportunidad a Arturo Reyes de seguir? La verdad, como se dice popularmente, no desmerece nada. Por el contrario —y aceptamos que pueda ser simple casualidad—, bajo su dirección, el equipo ha sido aquél con el cuál siempre ha soñado Colombia.
