Contra todos los obstáculos, los escepticismos y las dudas, mañana a la media noche nacerá el partido político de las Farc. Y oficialmente terminará la guerra de casi 60 años que enfrentó a esa organización guerrillera marxista leninista a enfrentarse al Estado, en uno de los conflictos bélicos más prolongados y absurdos de la historia moderna.
Ocurrirá pocas horas después de que, en un acto público en Mesetas (Meta), uno de sus fortines, los líderes de las Farc le dirán al mundo que dejan de existir como organismo militar para dedicarse solo a la política de manera abierta y pública, antes de que la historia los deje para siempre a un lado del camino.
El que están emprendiendo, al amparo del Estado, no será un viaje fácil y tranquilo: por el contrario, habrá muchas vicisitudes que, con la decisión de paz que hasta ahora han demostrado, los siete mil y tantos guerrilleros y milicianos los podrán enfrentar y superar.
Desde luego, los antecedentes no son los más alentadores: en procesos similares, la radicalización de sectores opuestos a los acuerdos con insurgentes se tradujo en atentados y asesinatos que generaban tanta zozobra que por momentos se llegó a temer el regreso de la guerra.
Pero por fortuna el propio Estado se puso al frente de la defensa de lo pactado y de los reinsertados a la vida civil, y los malos momentos se pudieron superar. Contribuyó a ello la determinación de los exguerrilleros de llevar a término su parte de los acuerdos.
Esta irrupción en la política les plantea al Estado y a sus instituciones el reto de demostrar que es posible defender las ideas en la legalidad, y sin temor a ser asesinados, y también garantizarles a los recién llegados unos mínimos de seguridad y de tranquilidad.
Los miembros de las Farc entienden que una guerra de casi 60 años no termina con los acuerdos de paz, pues las consecuencias —radicalismo, odios, deseos de venganza…— sobreviven mucho tiempo más del esperado, lo que hace que la consolidación de la paz sea, igualmente, una realidad que tardará en llegar.
Los colombianos, todos, debemos saber que los que comienzan pueden ser los días más inciertos de todo el proceso de paz, con los exguerrilleros sintiendo el miedo que les significa volver a la vida civil de la que se fueron hace largos años convencidos de que era el único camino posible para materializar sus sueños.
La decisión de mantenerse en la vía correcta se desprenda de las palabras de ‘Pablo Catatumbo’, uno de los más altos jefes de la nueva organización política: ‘El primer aporte político de las Farc es finalizar la guerra y participar abiertamente en la construcción de la nueva Colombia en paz’.
Ojalá los sectores radicales que se han opuesto al regreso de estos colombianos a la vida civil, recapaciten y permitan que la vida del país se desenvuelva en la tranquilidad que ha sido negada durante al menos tres generaciones.
En cuanto al temor de que las Farc accedan al poder en los próximos días no es más que un temor infundado, irracional. Es muy probable que suceda lo ocurrido con las demás organizaciones que regresaron de la guerra: las absorbió la dinámica electoral. Y ahí están.
