Estamos en épocas en las que comienzan a organizarse, a surgir y a fortalecerse movimientos políticos de todas las tendencias que apuntan desde reformas a las leyes y normas vigentes, a tramitar otras, a renuncias y traslados de funcionarios, hasta anuncios de inversiones en todos los sectores para atraer y llamar la atención de los electores.
Lo lamentable es que a la ya poca inversión al desarrollo de la cultura y las artes, se suman las pobres intenciones y falta de propuestas en estos dos ámbitos importantes y relevantes cambios en el país y en las regiones. Muy poco de verdaderas apuestas a la transformación y el beneficio de las comunidades desde estos sectores.
No se escuchan propuestas sobre inversiones en el desarrollo cultural, en la preservación y difusión del patrimonio, en el estudio a fondo de la problemática cultural, ni de las posibles alternativas para superar los obstáculos y dificultades que generan el no acceso a la cultura y su tremendo efecto en la sociedad.
¿Hace cuántos años venimos escuchando que es necesaria más inversión en la cultura y el arte? ¿Cuántos discursos preelectorales realmente se refieren a estos temas?
Nuestros gobernantes y funcionarios parecen no entenderlo. Muchas de las decisiones políticas de quienes llegan al poder se toman lejos de las necesidades del sector cultural, a oídos sordos de los clamores históricos en estas materias. Los beneficios que estas acciones traerían para la vida de los ciudadanos serían ideales. Las sociedades que han logrado verdaderos cambios en la economía y en mejorar la calidad de vida de sus pobladores han apostado sin reservas justamente al desarrollo de estos sectores.
Pasó un año complejo para estos pilares de la sociedad y las deudas parecen no haberse ni siquiera saldado.
La conectividad, la seguridad familiar, el diálogo cultural, la lectura, que son reales sustentos en crisis como las vividas y en las que pueden sobrevenir, están prácticamente iguales, con avances irrisorios.
Volverán los estudiantes a los colegios públicos donde no hay una batería de baños adecuada, volverán los comercios a abrir sin una propuesta para el cuidado de las zonas cercanas, volverán las salas de teatro a abrirse sin un estímulo real al desarrollo de las artes; los esfuerzos siempre parecerán insignificantes mientras no se articulen las necesidades de inversión en cultura y educación con el conocimiento que tengan los candidatos y dirigentes a esas dificultades.
Particularmente Norte de Santander es un departamento sobrediagnosticado en las fallas de inversión en estos temas y, sin embargo, nada parece preocupar a los dirigentes.
No es haciendo espectáculos como se forman públicos, ni es construyendo edificios para escuelas como se mejora la educación; son, sin lugar a dudas inversiones necesarias, incluso en eso persisten falencias, pero hace muchos siglos sabemos que la cultura no está en los edificios.
En víspera de las nuevas jornadas electorales es pertinente que las comunidades hagan uso de los medios masivos de comunicación y utilicen las nuevas tecnologías de la información para que presenten y hagan sus propuestas y reclamos sobre la cultura y las artes.
Y es hora de comprometer desde ya a los candidatos, partidos políticos, grupos y movimientos, a que nos digan lo que están pensando y cuáles son sus propuestas en materia de cultura y artes.