Son alarmantes y aterran por sus demoledores impactos en los niños y jóvenes de Colombia, los resultados de la investigación que acaba de hacer la organización Niñez Ya sobre el primer año de la pandemia del coronavirus.
Reflejan un desolador panorama de consecuencias imprevisibles y que tardará seguramente mucho tiempo en aliviarse o detenerse.
Niñez Ya, es una alianza de 120 organizaciones del país y del exterior que trabajan por los derechos, defensa y protección de los niños, y el solo título de su informe de conclusiones de su investigación, “La pandemia tiene en crisis los derechos de la niñez”, no puede ser más elocuente y preocupante.
Reveló, por ejemplo, que el país retrocedió cuatro años en su lucha contra la desnutrición crónica en la población infantil; el 30 por ciento de familias que antes de la pandemia comían tres veces al día, no logran consumir hoy esas mismas raciones; el 41 por ciento de niños sufre las consecuencias del estrés y la violencia en su hogar, y en las principales ciudades existe la amenaza latente de la deserción escolar.
Durante los meses del confinamiento obligatorio por la pandemia, el maltrato infantil aumentó 47 por ciento. Igualmente se incrementó la violencia sexual. El año pasado se presentaron más de 24.000 denuncias por vulneraciones físicas, sicológicas o sexuales. De esa cifra, cerca de 13.000 casos de violencia sexual fueron denunciados, según los datos oficiales.
El reclutamiento forzado de menores – tema que en los últimos días está en el centro del debate nacional por el bombardeo a un campamento de las disidencias de las Farc en Guaviare – también tuvo un fuerte aumento: pasó de 67 eventos a 79, y de 200 víctimas a 222. Al margen de esta problemática, estadísticas de Bienestar Familiar indican que en los últimos tres años más de 300 niños y jóvenes han sido reclutados a la fuerza por las organizaciones armadas.
Hay que señalar igualmente que el desplazamiento forzado fue el delito que más se intensificó durante la emergencia por la pandemia. A lo anterior hay que agregar el impacto del conflicto armado: en 2019 se registraron, según las cifras oficiales, 3.500 casos de niños, niñas y adolescentes desplazados, mientras que en 2020 esa cifra se trepó a los 5.742, es decir, 2.242 víctimas más.
Otros problemas que padecieron y aun padecen los niños colombianos en esta pandemia se relaciona con las dificultades para acceder a internet y a las nuevas tecnologías. Y un hecho también preocupante y aterrador: la encuesta Pulso Social del Dane reveló que en diciembre del año pasado, el 34, 1 por ciento de los hogares del país dejaron de asistir a las consultas médicas y de desarrollo integral infantil.
Los estragos en la salud mental de nuestros niños y jóvenes igualmente son despiadados y desgarradores. Y el hecho de que la máxima prioridad en el último año haya sido para enfrentar la COVID-19 y sus estragos devastadores, preocupa que haya menos atención a otros temas como la salud materno-infantil o la nutrición y el desarrollo de la primera infancia.
Ojalá la pandemia ceda un poco con la vacunación y podamos volver a la normalidad que hace un año todo nos lo trastocó.
