El conflicto laboral de Avianca es mucho más que una negociación en términos muy duros entre un patrono y unos trabajadores altamente especializados, arranchados todos en puntos en apariencia imposibles de aceptar por las partes. Se trata de un episodio histórico.
No es exagerado decir que hay dos hegemonías —por no decir monopolios— que se enfrentan en una negociación que marcará hacia el futuro las relaciones obrero patronales, si es que a pilotos que ganan salarios como congresistas les cabe el calificativo de obreros.
En la práctica, el transporte aéreo colombiano se llama Avianca, y su hegemonía es tal que prácticamente el mercado es lo que esa empresa indique. Y la fuerza motriz de ese transporte se llama Asociación Colombiana de Aviadores Civiles (Acdac). Ni más ni menos.
Las dos partes están jugando desde posturas que difícilmente parecen reconciliables. El pliego de peticiones de los pilotos se asemeja, guardadas las proporciones, a los que hace largos años presentaban los sindicatos obreros más radicales, que exigían lo imposible, para terminar aceptando menos de lo factible. Y eso, cuando, no se plantaban hasta llevar a las empresas a la quiebra.
Y Avianca, en respuesta al petitorio, ha buscado alternativas en pilotos extranjeros que traten de mantener viable la operación mientras los demás paran, al tiempo que se realizan negociaciones en busca de una solución adecuada para todos.
Hay factores externos, que de todas maneras inciden en esta difícil negociación. Es un momento de dificultades para la economía colombiana, y la gran mayoría de empresas anda suave y a paso lento, y con sus balances cayendo... Avianca es una excepción, gracias al respaldo multinacional del propio Efromovich.
Los pilotos, por su parte, conocen al detalle la realidad de sus colegas en el mundo, que si bien en Colombia causa escozor, por los beneficios que tienen estos profesionales, es también cierto que no hay mucho punto de comparación. Solo como ejemplo: un piloto de aerolíneas chinas gana 18.000 euros (60 millones de pesos) al mes y tiene vivienda gratuita.
Tal como está planteado el conflicto, una solución pronta y definitiva no se avizora ni siquiera con la intervención del Estado. Una declaratoria de ilegalidad de la huelga —que no es un simple paro— solo llevaría a los pilotos a radicalizarse aún más, en la seguridad que les acompaña de que no pueden ser reemplazados con facilidad. Y si Avianca lo hace, podría arriesgarse a que el remedio le resulte peor que la enfermedad.
La importancia de este conflicto radica en cómo se está negociando, a la manera de los tiempos del sindicalismo duro.
Es importante esto, porque, Colombia estaba convencida de que esas formas hacía rato estaban superadas y que, aunque se estaba lejos del moderno sindicalismo europeo, las dos partes estaban enfocadas en la supervivencia de la empresa y de sus puestos de trabajo, antes que en llevarlo todo a la hecatombe.
Hoy queda una inquietud: si los pilotos quieren parecerse más a estibadores que a profesionales bien formados y altamente especializados, y Efromovich está más interesado en parecer otra cosa distinta a empresario de muy alto vuelo, quizás esperar un acuerdo que no deje heridas es un sueño trasnochado de pasajero en sala de espera…
