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Editorial
Un poco de iluminación
Aprovechando esta temporada de recogimiento y de descanso con ocasión de la Semana Santa, resulta muy oportuno para el país y la región reflexionar con sabiduría sobre algunos aspectos.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 2 de Abril de 2026

Aprovechando esta temporada de recogimiento y de descanso con ocasión de la Semana Santa, resulta muy oportuno para el país y la región reflexionar con sabiduría sobre algunos aspectos de la vida diaria y que de una u otra manera inciden en el desarrollo de las actividades ordinarias.

Tomar una decisión analizada sobre la mejor fórmula para dirigir a Colombia en los próximos cuatro años es la recomendación para esta temporada, con el fin de conseguir la fórmula para romper el círculo vicioso de una violencia que nos devolvió a los tiempos del terrorismo y con una desbordada inseguridad urbana. 

Precisamente, a los habitantes del Catatumbo los sorprende la segunda Semana Santa cruzando por el calvario de la infame guerra entre el Eln y la disidencia de las Farc, hecho este que por sus consecuencias humanitarias y de aceleración de la inseguridad, los convierte en combatientes que crucificaron la paz. 

Lo anterior acontece en medio del ambiente de asfixiante polarización sobre la cual habría necesidad de llegarse a concretar un acuerdo nacional o sobre lo fundamental entre las fuerzas políticas  y la sociedad, teniendo presente la urgencia de darle un respiro a la democracia y desescalar el lenguaje y las posturas frente a quienes opinan y actúan diferente, incluyendo a todos los poderes públicos.

Como ejemplo de lo riesgoso que esto resulta para la estabilidad institucional tenemos la determinación extrema asumida por el Gobierno Nacional frente a la independencia de la Junta del Banco de la República y su rompimiento de relaciones por la cuestión del alza de las tasas de interés en cien puntos básicos.

Esta es una confirmación sobre cómo la voluntad que debe primar es la convivencia entre diferentes, tender puentes y acceder por los senderos de la concertación, sin rendir ideales, pero sí con la meta siempre firme de luchar en la construcción de una Colombia mejor.

En ese aspecto, la Semana Mayor es la mejor época para que nos detengamos a analizar el delicado asunto del acoso sexual, con el cual no debe haber contemplación con el victimario y, en cambio, protección, empatía y todas las garantías para las víctimas, pero al mismo tiempo es requerido hacernos un examen como sociedad y ver en qué hemos fallado desde los aspectos de la crianza, la educación y si los valores éticos y morales fallaron o fueron diluidos en medio de caprichos o insanas influencias. A esa conversación y debate no hay por qué temerles, al contrario, hay que alimentarlo y tenerlo siempre vigente.      

Dentro de la recapitulación de buenos propósitos en estos días santos, no hay que perder la esperanza de que Cúcuta y Norte de Santander, más temprano que tarde, logren la superación de sus problemas estructurales, para lo cual se debe ratificar el compromiso de trabajar unidos para alcanzarlo. 

En cuanto a nuestro vecino Venezuela, que precisamente cumple sus tres primeros meses sin Nicolás Maduro, la esperanza de convertir la transición democrática en un cambio real de régimen, ir a elecciones libres, desmontar las estructuras que violentan los derechos humanos, para de esa forma garantizar la libertad, el bienestar de los venezolanos y la reconstrucción de la economía.

Y de aquel activo emocional que es el Cúcuta Deportivo, que como una montaña rusa sube y baja las emociones, tanto la afición como la ciudad esperan, en otro de sus tantos actos de fe, que el equipo rectifique y por lo menos mantenga la categoría y salga del escabroso sitial que le marca un futuro retorno a la B.


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