El bus eléctrico que ha recorrido las calles de Cúcuta podría ser el inicio de una etapa conducente hacia la transformación del servicio de transporte urbano en la ciudad y el área metropolitana, lo cual la comunidad está esperando desde hace varias administraciones.
Aquí los nuevos gobernantes que se posesionan en enero del año entrante tienen la oportunidad de verificar lo que ha sucedido con los sistemas de transporte masivo en el país, para dar los pasos conducentes a una posible estructuración de proyectos en este sentido.
En la vecina Bucaramanga, Metrolínea fue un fracaso que terminó lleno de problemas financieros, jurídicos y de empeoramiento de la movilidad.
Tener presente las debilidades financieras, fallas en el servicio, frustraciones para los usuarios, equivocaciones y complejidades de lo hecho en Cali, Cartagena, Barranquilla o Pereira, por hablar de algunos, es importante para no repetirlas.
Ese espejo retrovisor es necesario tenerlo bien ubicado para que nos recuerde que no podemos ir a caer en modelos donde el presupuesto municipal quede expuesto a ser utilizado como fuente de recursos para sostener un sistema desequilibrado.
Por lo tanto, aquí debe de hacerse es un plan cucuteño atendiendo sus necesidades muy propias y diferentes a las de otras partes, es decir, no se puede copiar.
Una copia, así sea muy bien hecha puede salir muy mal, porque para nuestro caso hay cosas particulares que no se pueden desconocer como es la misma posibilidad de dejar una alternativa hacia un modelo binacional.
Luego la tarea en este asunto del transporte urbano de pasajeros ya tenemos que sacarlo de los estudios y ponerlo pronto a rodar, porque ciertamente el servicio que tenemos es obsoleto e ineficiente.
Los usuarios de busetas no solo tienen que sentir que los tienen como sujetos pasivos para estarles solo subiendo el pasaje mientras que los 1.726 vehículos dejan mucho que desear, la cobertura está frenada y su desempeño en las rutas está lleno de complicaciones para el pasajero.
A la comunidad es indispensable escucharla por su conocimiento sobre lo que sucede con el transporte urbano y las razones que pueden tener para combatir los piratas y el mototaxismo.
Luego lo que se debe es procurar cambiar para mejorar y no que el proyecto, al final del día, termine generando más inconvenientes y empeorando la situación en los municipios metropolitanos.
Por lo menos los cucuteños esperarían que la nueva administración municipal deje andando - cuando termine en 2027- la nueva política para transportarlos en mejor forma y con un parque automotor de última tecnología y amigable con todos.
Como un asunto de alta prioridad para la capital de Norte de Santander debería conformarse en la Alcaldía, a partir de enero del año entrante, una comisión especial para que se ponga al frente de esta iniciativa para garantizar que la gestión tenga resultados positivos y se comiencen a desarrollar las diferentes fases para así poder conseguir que la ciudad se mueva mejor, como es la esperanza de quienes han escuchado por años promesas incumplidas en ese sentido.