¿Cuántos 31 de mayo deberán pasar para que se reconstruyan los puentes de El Tarrita y El Turco? En seis meses ya estaremos conmemorando el primer año de la gigantesca avalancha que arrasó con todo lo que encontró a su paso y que cerró durante cuatro meses el tráfico vehicular por la carretera Ocaña-Cúcuta.
La vía que duró cerrada cuatro meses y medio fue atendida con una inversión de $18.600 millones en la que se instalaron dos puentes metálicos para la habilitación del paso.
La idea es que para cuando se cumpla el primer aniversario de ese deslave que obligó a remover 80.000 metros cúbicos de lodo, es que ya la administración del gobernador electo William Villamizar junto con los gremios económicos y ojalá con el concurso de los honorables congresistas, haya avanzado en las gestiones ante la Casa de Nariño para que esas estructuras metálicas no se vayan a quedar ahí por siempre.
Y debe ser así, porque de lo contrario podrían comenzar a aparecer las excusas presupuestales o que hay otras urgencias viales en el país y que la de Ocaña que conduce a la Costa Caribe no se encuentra dentro de ese paquete. Contra esta eventualidad hay que estar preparados.
Por eso tiene validez el reclamo ante el Ministerio de Transporte y el Instituto Nacional de Vías que ha venido haciendo y sobre el cual volvió a insistir el saliente gobernador Silvano Serrano, de que lo importante “no son esos pasos provisionales”, sino que se entreguen los estudios y diseños para reconstruir los pasos entre El Tarrita y El Turco.
Lo peor de todo esto es, que si no hay posibilidades ciertas de que el proyecto se haga realidad y se le asignen los dineros necesarios para volver a levantar esos dos puentes arrasados por la fuerza la naturaleza, la solución provisional permanecerá durante años con esas estructuras metálicas.
El haberse generado pérdidas por $85.000 millones a los diferentes sectores económicos de la región debe tenerse como comprobante de que este trayecto vial necesita con urgencia una gran intervención para su mejoramiento y modernización.
Las entidades gubernamentales encargadas de la infraestructura vial deben tener presente también lo que notificara la ANDI, sobre la imposibilidad de movilizar 2.5 millones de toneladas de mercancías, lo que tuvo un impacto negativo en sectores como la agroindustria, el sector minero-energético y el comercio en general, durante los cuatro meses y medio del cierre.
Luego hay muchos elementos de juicio para fundamentar, por un lado, el pedido urgente de programar los aspectos técnicos, económicos y de contratación para que los puentes El Tarrita y El Turco vuelvan a ser construidos, en esa zona.
E igualmente, es el momento de ratificarle al gobierno del presidente Gustavo Petro que al igual como se hizo en la carretera Cúcuta-Pamplona, con la megaobra de la doble calzada, algo parecido dentro de las proyecciones de las vías 5G ya es urgente empezar a estructurar para la vía que nos conecta con los puertos en el Caribe.
Ni puentes metálicos para siempre, ni prolongar las dificultades y problemas que ha acumulado una carretera de características tan importantes como la que conecta a Cúcuta con Ocaña y que en definitiva merece una vía más moderna para que la conectividad, la competitividad, el empleo y la solución de los problemas sociales tengan más favorabilidad.
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