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Editorial
Soldados advertidos…
Paz solamente habrá cuando se termine la guerra.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 29 de Enero de 2018

Pero que la guerra sigue es una verdad que golpea en el alma. Paz solamente habrá cuando se termine la guerra y las circunstancias que le dieron origen y la han alimentado queden superadas de manera definitiva. Mientras tanto, todo sigue igual.

La siniestra serie de atentados contra la Policía en Barranquilla, Soledad y Buena Vista (sur de Bolívar) son solo tres episodios más de una guerra de 60 años que no termina todavía. Solo hay unos acuerdos indescifrables con los paramilitares y un acuerdo de fin de los combates con las Farc.

Pero la guerra no se ha terminado, y por lo mismo, la paz no se ha alcanzado. En eso debe haber siempre suficiente claridad en las autoridades y en la ciudadanía, y por eso hoy el país condena con toda energía lo ocurrido y se solidariza con todos los parientes de las víctimas.

Pero que la guerra sigue es una verdad que golpea en el alma. Paz solamente habrá cuando se termine la guerra y las circunstancias que le dieron origen y la han alimentado queden superadas de manera definitiva. Mientras tanto, todo sigue igual.

Eso lo recordaron de la manera más salvaje y sangrienta posible los sectores que aún están en guerra contra el Estado, llámese Eln, Epl, bacrim, mineros ilegales y narcotraficantes, o como se les quiera llamar, y están en todo el espectro político.

¿Qué se pueden aliar extremistas de izquierda y extremistas de derecha para realizar acciones bélicas, tipo terrorista, como los ataques contra las estaciones de Policía en las pasadas 34 horas?

Perfectamente. Desde luego. En la guerra, son mis amigos los enemigos de mi enemigo. Y el enemigo es el Estado. Es decir, 45 millones de personas. No es el Gobierno, aunque es por razón de sus decisiones y acciones que la guerra se escala o no, se termina o sigue...

Y eso lo saben cabalmente las organizaciones ilegales, para las que la guerra es su oficio de cada segundo de cada día, y a la que dedican todos los recursos que sean necesario, algo que la contraparte, es decir, el Gobierno, y concretamente los organismos de seguridad, olvidan.

Si se está en guerra, como es el caso de Colombia, la lógica indica que quienes la combaten deben estar alerta de manera permanente, y más si, como se sabe, los enemigos que aún persisten actúan de manera sorpresiva en las circunstancias más inesperadas.

No es esta una recriminación, desde luego, sino el reconocimiento de que al menos esta, tan salvaje, tan abominable, tan agotadora guerra está viva y esperando nuevas oportunidades para dejar su terrible huella. Y que todos, no únicamente los soldados y los policías, debemos estar no solo alerta, sino preparados, porque no hay nada más traicionero que la guerra.

Es esta una buena oportunidad para insistir en la necesidad de que haya un permanente contacto de colaboración entre ciudadanía y organismos de seguridad, inexistente hasta ahora, por múltiples razones, entre ellas una importante: la falta de tacto de los policías, especialmente, para actuar en la calle con la gente. Cada día son más frecuentes los episodios de violencia desatados por la intervención de policías que no miden la fuerza y en vez de defender, atropellan y abusan...

Permanecer atentos a todo lo que sucede en los alrededores y comunicarlo a las autoridades es, quizás, la mejor garantía de que casos como los de estos días no se repitan en ninguna parte. Todos estamos advertidos.

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