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Editorial
Salud mental
En el continente, ocho de cada diez personas con una enfermedad mental grave no reciben tratamiento.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 12 de Junio de 2023

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) puso sobre la mesa el dilema de la salud mental en los países de América donde, como lo notamos y percibimos en nuestras regiones, la inversión es escasa y el acceso a los servicios es reducido para las personas vulnerables.

Desde los tiempos previos a la pandemia, los recursos eran escasos, porque solamente el tres por ciento del presupuesto de la salud se destina para tratar y prevenir esa clase de enfermedades.

Los dramáticos efectos de esa famélica condición se reflejan en que, en las Américas, el suicidio cobra la vida de unas 100.000 personas al año, como lo indican las cifras de la OPS. En Colombia, Medicina Legal reportó 2.835 suicidios el año pasado, 86 de ellos en Norte de Santander, mientras en el primer trimestre de 2023 el conteo está en 712 en el país y 14 en Cúcuta.

En el continente, ocho de cada diez personas con una enfermedad mental grave no reciben tratamiento, con el agravante que en la crisis sanitaria por el coronavirus, los trastornos depresivos graves aumentaron un 35 por ciento y los de ansiedad en el 32 por ciento.

En este problema de salud pública tienen incidencia las enfermedades mentales, neurológicas, el consumo de sustancias psicoactivas, los trastornos depresivos y hasta el alcoholismo.

Todos estos elementos no son ajenos a Norte de Santander y por ejemplo el área metropolitana de Cúcuta debería tener muy presente lo expuesto por la Organización Panamericana de la Salud sobre los efectos demoledores e incapacitantes de la drogadicción para que se actúe con mayor contundencia en el caso de los habitantes de calle y de otros drogadictos para su rehabilitación, enfrentando con mayor contundencia este problema de salud pública.

Por ejemplo, el Hospital Rudesindo Soto sirve de primera radiografía a esta problemática en la región. Del total de la atención diaria, el tercer lugar lo ocupan desórdenes asociados con el consumo de drogas.

Y hay más observaciones que le dan toda la razón a la Organización Panamericana de la Salud, como es el de 670 llamadas a la línea amiga de salud mental en Cúcuta, 2.745 casos de seguimiento epidemiológico reportados por las IPS frente a situaciones de ansiedad, depresión y drogadicción, el año pasado, según la Secretaria de Salud Municipal.

No basta solo con tener la política pública de salud mental, lo esencial es llevar a cabo varias de las consideraciones expuestas por la OPS: aumentar la cantidad y mejorar la calidad del financiamiento, optimar y profundizar los datos y las investigaciones sobre este campo, ampliar los servicios y la atención, fortalecer la prevención del suicidio e integrar la salud mental en todas las políticas.

Para defender la urgencia de esta transformación, la comisión que elaboró el documento sentenció que invertir en salud mental es crucial para promover un desarrollo humano equitativo y sostenible que permita a todos vivir con bienestar y dignidad, porque es una crisis de salud pública que justifica una acción urgente e inmediata.

“No lanzamos simplemente un informe, lanzamos un faro de esperanza, una hoja de ruta para el cambio en la forma en que vemos, tratamos y priorizamos la salud mental en las Américas”, reseñaron los miembros de la comisión de alto nivel.

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