El nuevo año que se inicia plantea una serie de retos para Cúcuta y nuestra zona de frontera, los que debemos asumir con responsabilidad para evitar más frustraciones y desengaños.
Es necesario acertar en el tratamiento y las soluciones para la compleja situación de crisis que venidos afrontando en los últimos años. Esa debe y tiene que ser la consigna.
La masiva, indiscriminada y descontrolada llegada de venezolanos a Cúcuta y Norte de Santander es un problema de máxima gravedad, que no se puede seguir tratando en la forma como se ha venido haciendo.
No se trata de cerrarles las puertas a nuestros vecinos o de rechazarlos o perseguirlos sin piedad con ánimos xenofóbicos. De ninguna manera.
Pero lo que sí debemos tener claro es que estamos frente a una calamidad humanitaria de proporciones que cada día tiende a complicarse, y para la cual no estamos ni hemos estado preparados en la forma más adecuada.
Entendemos y comprendemos las limitaciones de nuestras autoridades territoriales, que a la larga son las que llevan todas las de perder en esta situación de emergencia y en el caso de su eventual empeoramiento.
También entendemos la actitud prudente y serena de nuestra Cancillería ante algunos reclamos destemplados y provocadores del gobierno de Venezuela y de sus funcionarios.
Al Gobierno Nacional hay que insistirle en la necesidad de que asuma el liderazgo que le corresponde, para buscar una salida pronta y adecuada a esta crisis. Ya es necesario también llamar la atención de los organismos internacionales que los gobiernos y países de todo el mundo han diseñado para hacer frente a este tipo de problemas.
No hay que esperar que se agudice y se haga más difícil su solución.
Otro reto que tiene Cúcuta en este nuevo año es el de hacer frente con planes y estrategias que produzcan resultados positivos a los problemas del desempleo y la informalidad. Cúcuta y Quibdó son las ciudades con más desempleados en el país, según el último informe del Dane.
La administración municipal ha esbozado un plan de obras de infraestructura y desarrollo urbano, cuya financiación depende de los recaudos de valorización, lo que genera muchas dudas e incertidumbres precisamente por la situación de crisis económica y social por la que se atraviesa.
Esperamos esperanzados la iniciación de las nuevas obras de ampliación de la carretera Cúcuta – Pamplona.
También, que haya celeridad y definiciones respecto al nuevo Acueducto Metropolitano.
Otro gran reto que no podemos dejar de lado es el de las elecciones de este año para el Congreso y la Presidencia de la República.
Seguramente, el primer semestre lo va absorber la intensa actividad política y proselitista, y ojalá que no tenga efectos perturbadores en la marcha normal de la ciudad y la región.
Como lo hemos dicho en otras ocasiones en este mismo espacio, el gran propósito que debemos imponernos y cumplir es el de elegir a los mejores para bien de nuestra querida Cúcuta y de sus habitantes.
