El reordenamiento de la noche, haciendo cumplir el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), es de urgente acción por parte de la Alcaldía de Cúcuta y de los gobiernos metropolitanos e igualmente hacer valer determinadas normas.
Con el entendido que los ciudadanos tienen derecho al descanso y al sueño, ahí reposa uno de los aspectos que en algunos sectores es motivo de quejas y reclamos por parte de los vecinos de los negocios de rumba.
Hay puntos específicos en la capital de Norte de Santander para que funcionen los negocios de venta y consumo de licores en los cuales suena música y hay áreas de baile, que se rigen por una serie de normas regulatorias específicas.
Se acaban de escuchar pedidos por parte del gremio de los bares y discotecas para que se combata ‘la informalidad en la rumba’, que es interpretada como la proliferación de establecimientos de esa naturaleza en lugares no permitidos para ello, según lo indica el propio uso de suelos.
Desde la voz del gremio, se tiene que trabajar de manera prioritaria entre las autoridades, comunidad, discotecas, bares, restaurantes y diversión, porque donde no rige el decreto que autorizó unas zonas con horario para la rumba, hay venta y consumo de licor en predios no permitidos para ello.
Lo peor es que no es ni uno ni dos. Sino que hay calles enteras de rumba en medio de lugares densamente poblados en barrios como La Libertad, Aeropuerto, Nuevo Horizonte, Belén, Cundinamarca, Loma de Bolívar y el anillo vial en cercanías a la cárcel Modelo, de acuerdo con las advertencias de estos empresarios.
Porque si la zona rosa o de rumba o de fiesta solo puede estar a determinadas distancias de áreas pobladas y tener unas especificaciones especiales, es necesario que esto se acate para que, eso sí, las autoridades estén atentas allí a un aspecto casi que inmanejable, como es el de prevenir que la gente embriagada decida conducir sus vehículos, con las peligrosas consecuencias que encierra.
Paralelo a que se logre un control efectivo sobre la aparición de esas áreas no autorizadas para las actividades nocturnas, es igualmente esencial que por el ejemplo el ‘Plan libertad y orden’ tenga una estrategia para las zonas rosa del Centro Comercial Bolívar y Hotel Tonchalá; zonas turística: Los Caobos, El Malecón, Avenida Cero, avenida primera, una parte del anillo vial por el Jardín Plaza, sectores autorizados: Natilán, la calle principal del barrio Aeropuerto, La Libertad, Motilones y la Merced, para la seguridad.
Además, sería importante que dentro del reordenamiento nocturno se determine específicamente cuál es la forma de operar de los estancos, si solamente está permitido que allí llegue la gente, compre el licor y se vaya, o si es que hay excepciones y negocios similares sí tienen la opción de ser ‘estancos-bar’. Todo eso es indispensable precisarlo.
Los establecimientos de la rumba nocturna, turismo, bares y gastrobares en Cúcuta son importantes generadores de empleo, calculándose en 12.000 las personas que laboran en los mismos.
Les corresponde a las secretarías de Gobierno Municipal y de Salud, Planeación, así como la Policía determinar si realmente allá en esos sitios de la capital de Norte de Santander no pueden funcionar ‘zonas rumberas’ y de ser así, determinar las medidas a seguir.
Todo lo que se haga por ponerle un orden a aspectos como este, tendrá indudablemente un reflejo en la convivencia, en la seguridad y en los índices de accidentalidad en las calles de la ciudad.
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