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Editorial
Que siempre investiguen
En Cúcuta, donde Ricaurte estuvo de director de la cárcel hasta hace unos dos meses, avanzan dos investigaciones en la Fiscalía.
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Lunes, 11 de Diciembre de 2017

No basta con que las mujeres rompan el silencio sobre el acoso sexual al que algunos hombres con algún nivel de poder las someten. Denuncias así hay muchas. 

Lo que ha faltado es determinación de las autoridades para investigar, para ir más allá de la simple denuncia formal. Es como si pudiera más la cultura patriarcal de nuestro país, que ha derivado en machismo ramplón, en sometimiento obsceno…

Y, precisamente, esa decisión de ir al fondo, no ha sido la norma en juzgados y fiscalías, despachos en los que, además, hay muchas mujeres que podrían evitar que el acoso quede amparado por el silencio abyecto que de ordinario lo cobija todo.

En sociedades tradicionalistas como la de Estados Unidos, hace unas semanas comenzó una campaña que amenaza con arrasar con figuras prominentes del poder político, económico, artístico, mediático… que, según denunciantes, tenían y tienen la costumbre de recurrir al sexo para demostrar su autoridad.

Pasearse desnudos ante subalternas mujeres o exigirles sexo o manosearlas o, incluso, masturbarse delante de ellas, con el ego y la libido alborotados, son apenas parte del repertorio abusivo de tales machos revestidos de poder.

La consigna de no callar surgió de repente, de parte de mujeres que, hastiadas de la indiferencia general ante sus denuncias, decidieron romper el silencio ante el abuso. La activista frase Yo también (Me Too), utilizada muchas veces por la activista Tarana Burke, fue retomada por la actriz Alyssa Milano, luego de acusaciones contra el director de cine Harvey Weinstein. Y el mensaje llegó a todo el mundo de inmediato.

A Colombia parece que no ha llegado sino a determinados sectores, porque eso de acosar sexualmente a la mujer es, no podemos ocultarlo, pan de cada día en cada oficina, en cada instancia de poder, en cada calle, en cada centro comercial. Callarlo es criminal, pues permite que esas conductas se sigan practicando.

En los últimos días, al menos tres denuncias concretas ponen en la picota a nadie menos que el director de La Picota, Germán Ricardo Ricaurte Tapia, un general retirado del Ejército a quien señalan de acosar sexualmente a tres mujeres, al menos dos de ellas subalternas suyas.

En Cúcuta, donde Ricaurte estuvo de director de la cárcel hasta hace unos dos meses, avanzan dos investigaciones en la Fiscalía. Una de ellas está sustentada en diálogos de chat en las que hay frases e insinuaciones explícitas.

Al parecer, Ricaurte culpa de las denuncias a persecución en su contra ‘por parte de ‘sindicatos del Inpec (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario)’. Pero, en esta ciudad, hay al menos otra mujer a la que Ricaurte le enviaba mensajes de chat a altas horas de la noche, para asuntos no profesionales.

Como sea, es el momento que han esperado las mujeres colombianas, de que un organismo como la Fiscalía tampoco guarde silencio cómplice. No significa que el acusado sea responsable de los hechos que le señalan. La norma legal dice que él es inocente mientras no se le demuestre lo contrario.

Pero es indispensable que las investigaciones vayan hasta el final, cualquiera que sea, y que otras mujeres dejen de callar, pues no están solas.

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