La grabación telefónica no deja lugar a dudas: cosas muy graves ocurren en la Policía de Norte de Santander, que explican aunque sea en una mínima parte, el renacer incontenible de la violencia y la inseguridad en el Catatumbo.
Por un lado, hay desconocimiento craso de los mandos de la realidad en los pueblos, y por otro, miedo de los policías para dejar sus cuarteles y salir a cumplir con sus obligaciones legales y con las órdenes de sus superiores.
En síntesis, no hay autoridad; lamentablemente, la línea de mando no existe y los policías en los pueblos están a la deriva en un mar de violencia creciente en el que ellos son los que ponen la cara por un
Estado que no les ofrece apoyo alguno.
La grabación, además de reveladora, es dramática, y contiene una discusión que no es imaginable en una organización de estructura vertical en la que cumplir las órdenes es esencial y cualquier actitud contraria es insubordinación. Y de esto y de irrespeto mutuo hay mucho en la conversación, adornada de palabrotas, entre el coronel Rafael Torres, comandante (e) de la Policía de Norte de Santander, y el sargento Juan Carlos Cárdenas, comandante en Teorama.
El motivo fue el cuádruple secuestro de miembros del Epl por guerrilleros del Eln; uno de los casos ocurrió a dos cuadras de la estación de Policía, en un pueblo en el que, según la grabación, no se han puesto en práctica los planes de prevención, de seguridad y control que, al parecer, tiene trazados la Policía.
Y no los hay, se deduce de la grabación, porque los suboficiales encargados de las estaciones en los pueblos del Catatumbo no disponen del respaldo necesario por parte de sus superiores y de la institución. A propósito, si la situación es difícil, ¿por qué a esos pueblos no envían oficiales para que dirijan las estaciones?
Quizás en los problemas ventilados por el comandante de Teorama estén las explicaciones de parte de lo ocurrido en La Gabarra, donde los policías se dejaron arrebatar por la turba exaltada un sospechoso de homicidio al que quemaron vivo. Y tal vez también se esconda allí la razón para que los policías no se sientan con el suficiente apoyo para denunciar a los linchadores de Yimi Arlinto Villasmil Torres…
Los policías permanecen en sus cuarteles, porque por norma no pueden salir menos de 10 a ejercer control, y no siempre hay esa cantidad de agentes disponibles. Pero esa situación es desconocida al menos por los comandantes en Cúcuta.
Ante este panorama, surge una pregunta: si los policías están prácticamente acorralados en los pueblos por guerrilleros de Eln, Epl y disidentes de las Farc, y otras organizaciones delictivas armadas, ¿por qué el Ejército, del que se dice dispone de unos 8.000 soldados, no vigilan, limpian y controlan las montañas que rodean a los pueblos?
Con esa actitud de mantenerse al margen, el Ejército está demostrando que el territorio abandonado por las Farc no lo controla: de él ya se apoderaron los otros. Entonces, ¿a qué se dedican tantos soldados?
Es una situación muy seria: la línea de mando de la Policía parece rota, y el Ejército se mantiene al margen, mientras los enemigos del Estado se hacen sólidos.
