A muchos sorprendió el levantamiento de un muro de ladrillo en un tramo del puente Francisco de Paula Andrade Troconis o de la Cero. Las dudas alimentaron la curiosidad sobre lo que se estaba haciendo debajo de este importante conector vial.
No es que fueran a cerrar todo el acceso en la parte inferior ni nada que se parezca, sino que la ciudad estrenará allí el primer ecopunto, al cual se le debe augurar buena y larga vida y el real cumplimiento de los objetivos.
Hay que ser muy juiciosos para que a esa bodega verdaderamente se lleve el material aprovechable del sector de Los Caobos, o sea, un procedimiento de reciclaje para ayudar a contrarrestar efectos colaterales de dejar la basura ahí, en la esquina o al frente de la casa y lleguen los habitantes de calle a revolcarla y a romper las bolsas y a hacer regueros en los andenes y separadores.
A primera vista se trata de un buen sistema, que para darle la operatividad respectiva necesita estar acompañado de una fuerte campaña de difusión, de acompañamiento y de inducción a los vecinos y usuarios a adquirir la costumbre de llevar allí los materiales de plástico, cartón, aluminio, hojalata y vidrio.
Al ecopunto referido deben acostumbrarse a ir las familias de ese barrio cucuteño y lugares aledaños a depositarlo, la cual finalmente debe arrojar como resultado que la limpieza de las calles mejore en un alto porcentaje y que disminuya, en la misma proporción, la presencia de personas que llegan a buscar esos elementos en los desechos que sacan los usuarios del servicio de aseo.
Según lo expuesto por Corpocero, entidad encargada del espacio público de la Avenida Cero, la idea es enseñarle a la gente a reciclar y en aquella bodega del puente, habrá boquillas con los colores respectivos para que se practique ese ejercicio de cultura ciudadana.
Todo lo que se haga para que el ciudadano también sea parte integral de la solución de los problemas de la ciudad, es siempre bienvenido.
Sin embargo, debe de ser una acción de largo aliento en la que no se desfallezca, con el fin de ofrecer resultados efectivos que permitan, como en este caso, replicar el proyecto en otros sectores de Cúcuta e incluso de municipios metropolitanos como Villa del Rosario y Los Patios.
Y como esto hace parte de una operación dirigida a que los residentes en Cúcuta tengan un verdadero sentido de pertenencia con la ciudad, es igualmente destacable que algunos males de ese puente se encuentren en proceso de acciones para subsanarlos.
Uno de ellos que no es solamente de allí sino un problema generalizado, como es el del mal parqueo. Resulta que allí debajo se formó un estacionamiento de vehículos, cuando eso no está permitido, esperándose que haya una solución convincente. Según lo anunciado, que se espera se adopte y haga cumplir, es la implementación de un retorno vial y la instalación de topes mixtos para la erradicación del parqueo automotor en una zona prohibida como esa.
Recuperar esos lugares y, de paso salvarlos de la oscuridad reinstalando y mejorando el alumbrado público, es otra forma para irles arrebatando sitios a la inseguridad y el microtráfico que aprovechan el deterioro y abandono de los entornos y espacios urbanos para apoderarse de ellos. El puente Francisco de Paula Andrade Troconis, cuyo nombre se dio en homenaje a quien trazó las calles de la ciudad después del terremoto, se merece ese cambio.
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