Hace 25 años un hecho de barbarie segó la vida de un hombre cuyos aportes contribuyeron de forma notable al progreso de la ciudad y el departamento, al deporte y a la cultura.
Eustorgio Colmenares Baptista, fundador de esta casa editorial, fue asesinado a quemarropa el 12 de marzo de 1993 en frente de su esposa con quien compartía en las noches, como era costumbre en ese entonces, en la puerta de su casa; este, como la mayoría de los crímenes de periodistas, permanece hasta hoy –ya que fue declarado crimen de lesa humanidad- en la impunidad.
Fue un hombre sencillo, jovial, recto, honesto, amante del campo, de su tierra y soñador de un mejor futuro posible para su gente. Los tiempos que corrieron antes y después de su muerte, fueron álgidos; fue una época en la que la violencia sistemática del Eln –quien se atribuyó su muerte– terminó sepultando hombres ilustres e íntegros cuyas ideas parecen haberse desvanecido con el tiempo.
Odontólogo de profesión, pero siempre impulsado por generar un cambio en la sociedad, se vinculó a la política desde muy joven. Fue defensor de las ideas liberales y ocupó varios cargos importantes desde los que ejecutó obras para el beneficio de todos. Como alcalde de Cúcuta materializó la inauguración de la Central de Transportes, primera estación en su género en Colombia; construyó el Bosque Popular, donde se realizó la Primera Feria Internacional Industrial y Comercial; dejó casi terminada la iluminación de la avenida Gran Colombia; facilitó los terrenos y promovió la construcción del Inem, de la Universidad Francisco de Paula Santander, de la Aduana Nacional, del Instituto del Niño Retardado Mental y del Colegio Nacional de Periodistas. Su apoyo al deporte –una de sus grandes pasiones– fue incondicional. Promovió la recuperación del Cúcuta Deportivo en varias de sus crisis, fue presidente de la Liga Departamental de Básquet y asumió como tal el Torneo Suramericano de Básket de mayores y Primer Juvenil, que se realizó en Cúcuta en 1955; en 1969 durante su alcaldía, intentó conseguir para la ciudad la sede de los juegos nacionales, intento en el que fue vencido finalmente por la ciudad de Ibagué.
Fundó en 1958 el diario La Opinión junto a su hermano León Colmenares y otros hombres destacados como el ex presidente Virgilio Barco, Eduardo Silva y Alirio Sánchez; esa fue siempre su tribuna, pluralista y liberal, desde la que sentaba posiciones y criticaba con dureza las acciones de la guerrilla. Nunca se imaginó que sus argumentos y opiniones terminarían por convertirse en una razón para que los violentos justificaran su muerte.
En su haber de emprendedor, quedan la creación de empresas en sociedad con sus amigos cercanos, las cuales han seguido desarrollándose en manos de sus sucesores y aún hoy permanecen en los primeros lugares del panorama económico de la región, como son Viviendas y Valores –grupo constructor y de negocios de finca raíz- y Cerámica Italia, industria de revestimientos y pisos.
A Eustorgio Colmenares lo recuerdan como un amoroso hombre de familia, como un deportista apasionado, como un trabajador incansable, pero, sobre todo, como un hombre de fieles convicciones y de valores inquebrantables, como un político íntegro que siempre comprendió que el ejercicio de ella, solo tenía sentido si generaba beneficios y mejoras para la gente y su región.
Su desencanto con la política, cuando ya empezaban a generarse alianzas y manejos poco apropiados, terminó por alejarlo de la función pública en 1982 para llevarlo al fascinante mundo del periodismo, donde ejerció hasta sus últimos días.
Dicen que pueden morir los hombres pero no sus ideas… sin embargo, poco de lo que él soñó para la ciudad y su clase política se ve hoy materializado. A pesar de que sus ideales y principios han continuado desde las páginas de este diario, sin duda poco queda de esa generación honesta y entregada. La degradación de la clase política, el ascenso de la corrupción y el auge del todo vale, han borrado de un plumazo eso que alguna vez los líderes regionales, como Eustorgio Colmenares, intentaron forjar para esta tierra y sus gentes.
Hoy, cuando la ciudad está sumida en una más de las crisis por las que ha pasado en los últimos años, es cuando se nota la falta que hacen líderes con ideas frescas y novedosas que le permitan a Cúcuta corregir el rumbo y tratar de superar los malos indicadores que en lo económico, social y de desarrollo muestra nuestra región dentro del panorama nacional.
