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Editorial
Pobres millonarios
Si un huevo costaba en enero 100.000 bolívares, en diciembre valdrá 100.000.000.000 (cien mil millones) de bolívares. 
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Miércoles, 25 de Julio de 2018

La terrible debacle de la economía venezolana, propiciada por la ineptitud de un gobierno encabezado por un presidente que casi nada entiende de lo que le corresponde como mandatario, seguirá agravándose hasta límites no imaginados en esta parte del mundo.

Una de las consecuencias es la insoportable pérdida de valor del bolívar, que cada día cambia los precios de las cosas: tanto valen en la mañana, tanto más en la tarde, hasta el punto de que el Fondo Monetario Internacional (Fmi) calculó que al terminar el año la inflación será de 1.000.000 por ciento.

Significa que si un huevo costaba en enero 100.000 bolívares, en diciembre valdrá 100.000.000.000 (cien mil millones) de bolívares, una cifra difícil de imaginar para muchas personas e imposible de concebir como precio de algo tan cotidiano como un huevo.

Es la manera de ejemplificar una hiperinflación, como la que está devorando viva a Venezuela y obligando a huir a todos los venezolanos que aún pueden hacerlo.

El problema, sin embargo, no es para hoy o para este año. Seguirá vivo por muchos años más, así el régimen abandone el poder, porque recuperar un país de una catástrofe económica como la de Venezuela, después de una generación, será tarea de por lo menos otros 20 años, como mínimo.

Al otro lado de la frontera hay un Estado fallido, por donde quiera mirarlo el más desprevenido observador. Y llegó a esa situación no tanto como consecuencia de la debilidad de sus instituciones (allí, salvo las fuerzas armadas, toda institución del Estado ha sido débil desde la Independencia), que ha contribuido, como de esa absoluta y paralizante incapacidad del gobierno revolucionario y bolivariano cuando de buscar soluciones se trata.

Su única defensa es culpar a factores externos (Estados Unidos, el imperio y sus lacayos, Juan Manuel Santos y Colombia, el capitalismo…), y su única acción, emitir y emitir dinero sin valor para pagar un salario mínimo de millones y millones de bolívares que nada compran.

Hoy, el salario mínimo es de 5.000.000 de bolívares, más o menos lo que vale un cartón de huevos en las zonas más baratas.

Al paso que llevan las cosas, precios como el del huevo no los verán muchos venezolanos, porque cuando llegue diciembre Venezuela podría estar en el exterior, muy probablemente en Colombia, cuando a los países receptores del sur de América se les agote la paciencia de recibir y recibir inmigrantes.

Porque la emigración venezolana es incontenible, así el gobierno de Nicolás Maduro se niegue a reconocerla diciendo que quienes han abandonado ese país son colombianos de primera y segunda generaciones, que regresan, unos, y que vienen a conocer el país de sus padres, los otros.

Si no hay solución, dentro de algún tiempo quizás haya que concederle razón a Simón Bolívar —o a quien sea que la haya dicho—, en la frase según la cual ‘Quito es un convento, Santa Fe una universidad y Caracas un cuartel’.

Con el poder que tienen los militares, no solo de ahora, sino de siempre, no hay duda al respecto. Solo que es un cuartel en donde viven unos civiles que mueren de hambre, porque su salario de millones vale lo que vale un huevo.

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