Aunque por un lado hay celebración porque la inflación en Colombia volvió a ser de un dígito y que productos alimenticios como el huevo registran una disminución en el precio, por el otro hay preocupación por el alza en los peajes, como ya ocurre en Norte de Santander.
Aquí tenemos la caseta de cobro en la Autopista Internacional, en Villa del Rosario, que subió $300 y se situó en $2.400 que deben desembolsar los usuarios de todos los vehículos particulares, con rumbo hacia Cúcuta.
No se puede decir que está barato, porque por ejemplo los habitantes de los barrios y urbanizaciones localizados en la zona oriental, lógicamente se ven afectados por algo muy sencillo, tener que pagar más cada que cruzan, con graves efectos en el presupuesto.
Ya se han hecho varias cuentas con sumas y multiplicaciones sobre la realidad de esos $300 adicionales que vale pasar por el peaje de La Parada, al que algunos consideran que no debería de estar ahí sino más cerca de la frontera, aunque sobre eso no hay nada que lo lleve a moverse de ahí.
Obviamente, el incremento del cobro en la caseta metropolitana que es manejada por el Instituto Nacional de Vías (Invías) debe llevarnos a un par de reflexiones que al menos hagan llevadero ese efecto negativo sobre el bolsillo.
Que el dinero que se recaude se quede aquí en la ciudad y en los municipios aledaños para contar con una adecuada red de vías de conectividad, en perfectas condiciones, que lleven a los ciudadanos a tener un punto de referencia para considerar que por lo menos el esfuerzo que están haciendo se refleja en ciertos tramos de la malla vial. Eso sería lo equitativo frente al reajuste.
Y, segundo, que haya un reordenamiento en ese peaje para conjurar los trancones que todos los días, especialmente en las horas pico, se forman en ese punto de la autopista, porque los conductores que pagan merecen que por lo menos estén a salvo de ese mal de los atascos que caracteriza hoy la movilidad en la zona metropolitana.
Al ir más lejos, o sea a Los Acacios y Pamplonita, la situación es más financieramente asfixiante para los usuarios de la vía hacia la provincia de Pamplona y Bucaramanga, porque el valor es más alto.
Recordemos que en el transporte de carga dichos aumentos terminan siendo trasladados al costo del servicio por llevar los productos, ya sea alimenticios, materias primas y otros artículos, reflejándose posteriormente en el precio de venta.
Esa cascada entonces llevará seguramente a que el alivio que se registró con una inflación anual del 9,28% en 2023 en Colombia y del 9,33% en Cúcuta, se diluya y la tendencia a la carestía reaparezca como consecuencia de este inexorable factor disparador de los precios de los artículos de la canasta familiar, porque el aumento de los fletes lo terminan pagando los consumidores.
Entonces veremos que el reajuste del salario mínimo del 12,07%, con lo cual quedó fijado en $1’300.000, se evaporará muy rápido por razones como la expuesta, y eso que todavía quedaría pendiente otro incremento para mediados del año, al igual que se podría venir una posible alza escalonada en el ACPM.
De ser eso así, los vaticinios de una inflación más baja en este 2024 quedaría en veremos y lo que podría venirse de nuevo es otro año de altos precios a causa, por ejemplo, de ese peaje inflacionario, si el Gobierno Nacional y su equipo económico no toman medidas adicionales que ayuden a contener bruscos comportamientos del Índice de Precios al Consumidor.
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