A finales de abril pasado – no se ha cumplido todavía el mes – los candidatos a la Presidencia de la República se comprometieron y firmaron solemnemente lo que ellos mismos llamaron el ‘Pacto de no agresión’ para bajarle la temperatura a la campaña que se adelanta, y ante el alto grado de polarización y enfrentamiento que en algunos casos ha llegado a intentos de agresión física contra los mismos aspirantes.
“La intención es promover una cultura de la democracia, de la participación ciudadana y del respeto, que se haga presente en los barrios de las ciudades y en las zonas más apartadas del país”, dijo en su momento monseñor Héctor Fabio Henao, al destacar la importancia y pertinencia de este pacto.
Como es sabido, antes de la firma de este documento hubo preocupantes acciones de sabotaje y conatos de agresión contra el senador y jefe del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez, en Popayán, y contra el candidato Gustavo Petro en su visita a Cúcuta que estuvo precedida por incidentes y escaramuzas entre seguidores y contradictores del representante de la Colombia Humana.
Hechos que fueron condenados en forma rotunda y enérgica por todas las fuerzas y sectores políticos y de opinión de todo el país.
En los últimos días, las autoridades informaron sobre la adopción de medidas especiales para reforzar los esquemas de seguridad de varios candidatos y de sus sedes al conocer informaciones preocupantes sobre la situación de su posible riesgo.
El Gobierno Nacional no ha escatimado esfuerzos ni recursos para garantizar la seguridad de los candidatos y así se lo han reconocido públicamente.
En las últimas horas ocurrieron algunos hechos de vandalismo en Cúcuta contra la sede y la propaganda del candidato Germán Vargas Lleras.
Y en Bogotá se registraron también algunos incidentes en los que estuvo a punto de ser agredida su hija Clemencia, al final de un concierto musical de los que ella comúnmente organiza con fines sociales y altruistas.
Las campañas de los doctores Iván Duque, Sergio Fajardo y Humberto de la Calle no han escapado a las acciones vandálicas. Nada justifica este tipo de comportamientos y es necesario reafirmar su rechazo y condena por todos los medios.
Y corresponde a los candidatos presidenciales y a sus asesores morigerar su lenguaje y algunas de sus actitudes de intolerancia. En algunos de los debates recientes se ha podido evidenciar la poca elegante ‘sacada de trapitos al sol’ entre unos y otros.
Estas manifestaciones a veces de rabia y encono entre los propios aspirantes son un pésimo ejemplo para sus seguidores y tienen eco inmediato y se reflejan en las llamadas redes sociales con sus abundantes dosis de ordinariez y vulgaridad.
Ojalá que en lo que resta de la campaña presidencial los candidatos retomen la calma y la tranquilidad. Como se dice con frecuencia, que desarmen los espíritus y la palabra.
Así darán ejemplo de responsabilidad y prudencia, buenas consejeras para el buen gobierno y la sana administración de lo público.
El Pacto de no agresión que firmaron espera que lo cumplan rigurosamente.
