Por la plataforma de TikTok circuló un reto viral en el mundo que en Cúcuta y Bogotá tuvo eco mediante pintadas en los baños relacionadas con llamados a tiroteos en instituciones educativas, que en un país cruzado por el conflicto armado es algo que no puede dejarse pasar por alto.
Al hacer un rastreo por internet, se apreció que lo mismo ocurrió en México y en otros países, en la tendencia ‘mañana tiroteo’, o el de la capital de Norte de Santander que decía “tiroteo el 27 de abril” al cual se le añadió la frase “nadie se salva” en el colegio bogotano.
Por fortuna no sucedió nada. Todo se quedó en las paredes de los baños. Y esa incitación por dicha red social que tiene una alta interacción entre adolescentes y jóvenes, por el momento se quedó ahí.
Pero no hay que bajar la guardia. La alerta quedó dada para prevenir que en la vida real esa clase de retos terminara muy mal, es decir, es un episodio real con lamentables consecuencias para la seguridad en las escuelas y colegios.
Para nuestro caso en particular, ya es suficiente la carga de violencia que pesa sobre la ciudad como para llegar a lidiar con una situación de extrema gravedad como esa que puede tener delicadas implicaciones.
En medio del alarmante ambiente generado por hechos como tres masacres, el asesinato de una niña y la llegada de la guerra del Catatumbo al área metropolitana, hay que vigilar que los entornos escolares urbanos estén protegidos de las acciones violentas.
La prevención y, precisamente, la educación se convierten en la mejor salida para plantearles a los alumnos y sus familias de la urgencia de hacer un mejor uso de las redes sociales y de las herramientas tecnológicas, evitando caer en aquella clase de peligrosos retos virales que, debe insistirse, pueden degenerar en situaciones inmanejables y que afecten de diversas maneras a la comunidad educativa.
Por ejemplo, al ver ese tipo de mensajes, es probable que se produzcan reacciones de pánico o comportamiento de miedo y temor entre los estudiantes que los lleven incluso a dejar de asistir a clases.
Luego hay que activarse campañas, conferencias y clases relacionadas con el mundo digital, el uso de las redes y los cuidados que se deben tener. Suena repetitivo, pero no actuar puede resultar peor.
Hay que actuar en coordinación entre las secretarías de Educación, psicólogos, expertos en la materia y la Policía Nacional con su división especializada en la ciberseguridad, para incluso rastrear y detectar quienes realmente están detrás de esos mensajes amenazantes.
La acción debe cubrir a todos los colegios, tanto públicos como privados, y de esta manera hacerle frente y seguimiento a estas operaciones lanzadas desde el ciberespacio para intentar sembrar alarma, desinformación y riesgos para la seguridad en los ambientes escolares.
Es el momento para que desde la familia y el sector de la educación se defina una especie de protocolo en materia psicosocial, tecnológica, de supervisión y manejo desde el diálogo y la toma de conciencia de todas las partes sobre los peligroso que se ocultan detrás de esos riesgosos mensajes que se difunden.
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