La conexión de Cúcuta al gasoducto nacional y tener un hospital para la populosa ciudadela Juan Atalaya acaban de recibir un primer impulso que necesita el compromiso de no desfallecer hasta que su ejecución esté financieramente garantizada.
Ambos contemplan una innegable importancia para la región y se esperaría entonces que no tendrían dificultades para cruzar por las diferentes etapas hasta llevarlos a ser parte del desarrollo local, por las favorables implicaciones que tienen.
Ojalá lo expuesto en la ciudad por el presidente de la Banca de Desarrollo Territorial (Findeter), Ricardo Bonilla, que “es absolutamente increíble e impensable” que la capital de Norte de Santander no esté conectada al sistema de gasoducto, signifique un final feliz a este traumático pasaje de la historia.
En este aspecto se consolidó el convenio entre Findeter y la Alcaldía para la estructuración a nivel de prefactibilidad de los estudios y diseños para el proyecto de gasoducto en fase 3, que buscará mejorar el suministro del servicio a más de un millón de habitantes de Cúcuta, Villa del Rosario, Los Patios, El Zulia, Puerto Santander y San Cayetano.
La construcción de esta infraestructura nos conectaría de manera bidireccional, permitiéndonos no solo traer el gas, sino que eventualmente podremos llevar este combustible al sistema central, pues hasta el momento estamos desvinculados de la red nacional que llega a la mayoría de los departamentos de Colombia, y esto es algo que recordó la directora de Planeación Municipal, Marcela Rodríguez.
No tener garantizada la continuidad del suministro de gas, mediante su masificación, por ejemplo, es causa de las constantes bajas notas en la competitividad, luego alcanzar esa conectividad favorecerá nuevas inversiones en el sector industrial y comercial, y los hogares contarán con un servicio de calidad y precio competitivo.
Otra interpretación que se le puede dar a este apoyo de Findeter, es que en el Plan Nacional de Desarrollo quedaría incluido este proceso de vinculación de Norte de Santander a la red nacional de gas natural, teniendo en cuenta que el departamento también aparece con altas potencialidades de yacimientos de ese combustible.
En cuanto a convertir el Policlínico de Atalaya en un hospital de segundo nivel, fue el gerente de Imsalud, Juan Agustín Ramírez, con sus palabras quien mejor defendió la trascendencia de este proyecto para la región. “Desde hace 36 años no se gestiona en Cúcuta la apertura de una cama hospitalaria pública para resolver la dramática insuficiencia de capacidad instalada de la red, en mayor parte por el sector oficial y parcialmente en el privado”.
La primera fase del Policlínico fue construida con recursos de Findeter. Esta segunda parte empieza también con recursos nuestros. Vamos a iniciar los procesos de estructuración del proyecto en las fases de prefactibilidad, factibilidad y llevarlo hasta diseño, de tal manera que dentro de diez meses la Alcaldía y el Ministerio de Salud reciban un proyecto viabilizado por el Ministerio de Salud y así proceder a construirlo, es la promesa que se le escuchó al titular del Banco de Desarrollo Territorial.
Ojalá que se superen estas etapas, porque los anaqueles oficiales se volvieron verdaderos ‘cementerios’ de las ilusiones ciudadanas al estar llenos de estudios en se gastan millones para elaborarlos, pero se quedan ahí al dejarlos sin gestión. La unión al gasoducto nacional y ese hospital merecen ser sacados adelante y para eso hay que trabajar entre todos.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en: http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion