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Editorial
Nada ha cambiado
La realidad del Catatumbo es hoy la misma de antes de los acuerdos de La Habana.
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La opinión
La Opinión
Domingo, 1 de Abril de 2018

Salvo unos cuantos nombres —los de los comandantes de las Farc ‘Jimmy Guerrero’ y ‘Rubén Zamora, entre otros muy pocos—, la realidad del Catatumbo es hoy la misma de antes de los acuerdos de La Habana. Nada ha cambiado.

Y si algo ha cambiado, ha sido para peor, porque además de la guerra del Eln y el Epl contra el Estado, ahora estas dos organizaciones tienen una entre ellas, que está acabando con la vida de muchas personas. Y, para completar, ahora hay que integrar a las cuentas de los factores de violencia, la disidencia de las Farc.

Y añadir al cartel del Golfo, y a los Rastrojos, y a los narcotraficantes mexicanos, y a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y a los contrabandistas. Y sí, por lo visto en La Gabarra, a algunos venezolanos descarriados y, obvio, a los linchadores de oficio, a los mismos que apuñalaron y quemaron vivo a un inocente delante de la Policía, que todavía calla, con la complicidad aterradora de todo el pueblo.

Nada ha cambiado. El Estado sigue ausente, como lo ha estado desde hace tanto tiempo que es más sano no precisarlo, y la coca sigue verdeando por valles y montañas, y los líderes comunales siguen cayendo como moscas, abatidos por tantas balas asesinas que se cruzan en todos los caminos.

Hace poco, un defensor de los derechos humanos se quejaba con razón de que la única presencia del Estado era la de la represión, con miles de soldados —8.000, según algunas cuentas rápidas— y policías que se echan atrás cuando escuchan un grito más o menos destemplado. Como en La Gabarra.

Pero son soldados que quizás fuera mejor tenerlos en otra parte, porque en todo el Catatumbo la violencia es soberana, en todo el Catatumbo la muerte cobra víctimas, en todo el Catatumbo la guerra sigue, no ha parado, y la presencia militar no se percibe.

Durante algunas semanas, hay que reconocerlo, hubo alguna tranquilidad, debida tal vez a que todas estas fuerzas estaban más ocupadas en copar los espacios de las Farc que en cobrar sus acreencias. Incluso, algunos medios nos hicimos eco esperanzado de los optimistas partes de tranquilidad de los alcaldes y los personeros, e incluso se llegó a afirmar que el Catatumbo estaba encaminándose por la senda de paz que jamás había recorrido.

La guerra privada de los últimos días entre los veteranísimos combatientes del Eln y los desorientados jóvenes del Epl, que deja un saldo no precisado, pero al parecer muy elevado de víctimas, está afectando a muchos campesinos, que decepcionados de lo que creyeron sería su tranquilidad, ahora no saben qué hacer.

Hasta los propios excombatientes de las Farc andan en problemas en Caño Indio: nada de lo ofrecido por el Gobierno les ha llegado, y no son pocos los que, al parecer, han vuelto a la guerra.

Ni carretera ni puestos de salud ni puentes ni apoyo económico y técnico para sus cultivos recibe la gente del Catatumbo, porque quienes administran el estado no tienen la menor idea de lo que necesitan los habitantes de las márgenes del país.

Del acuerdo de paz, al Catatumbo, pese a los esfuerzos de sus alcaldes, nada le ha correspondido. Solo el miedo acompaña a esa riquísima pero abandonara región.

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