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Editorial
Muy mal ejemplo
Pues es el momento de demostrar que detrás de las columnas de opinión hay coherencia entre lo que se piensa y se dice, y lo que se hace.
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La opinión
La Opinión
Martes, 23 de Enero de 2018

Es típico de sociedades malconstruidas sobre criterios machistas, egoístas y orientadas hacia un punto confuso del horizonte en el que yo y lo mío valen más que todo lo demás. Prima lo individual sobre lo social.

Por eso, acá se vale que una periodista denuncie, después de varios años, que fue violada sexualmente por su jefe, pero se otorgue el derecho de callar el nombre de ese hombre, al que señala de muy poderoso, permitiendo así que ande suelto ejerciendo su gran poder a través de su bragueta.

¿Qué diría esa periodista si supiera que, por su silencio, otras mujeres tal vez también fueron o pueden ser violadas por el mismo todopoderoso personaje público? ¿Qué garantía hay de que el violador no pueda hacer lo mismo con otra subalterna, porque no está en el lugar que le corresponde a todo delincuente?

Ese hombre es un delincuente, así, con todas las letras, eso no lo puede ignorar la denunciante, y no solo la violó a ella, sino a la ley penal, que nos compete a todos los asociados. Y como delincuente, debe ser sometido a la Justicia.

Y, si como puede ocurrir, el delito ya prescribió, y no hay ya oportunidad de someter a los jueces al violador, de todas maneras la sociedad tiene derecho a aplicar la sanción moral que le corresponde.

¿No nos quejamos, acaso, los periodistas, de que en este país la impunidad reina, entre otras causas principales, porque nadie denuncia, por la razón que sea? ¿O es que para la periodista son delictivas solo algunas conductas descritas por el Código Penal, pero no otras, especialmente aquellas en que su egoísmo la pone por encima de los intereses de la sociedad? 

Es tan cómodo soltar los perros de caza detrás de dos o tres personas que, en su momento, fueron jefes de esa periodista… Solo que esa actitud puede generarles consecuencias incalculables a las familias de los sospechosos, y de todas maneras deja latente un peligro para todas las demás mujeres...

Pues es el momento de demostrar que detrás de las columnas de opinión hay coherencia entre lo que se piensa y se dice, y lo que se hace.

Permitirle a ese personaje que se salga con la suya y que, condenado, forzado, como dice la víctima, el país lo siga viendo y oyendo todos los días, como si nada, es producto de una actitud criticable de alguien que o mató el tigre y se asustó con la piel, o simplemente puso a toda velocidad un ventilador que esparce sospechas…

Qué mal ejemplo les da esta periodista a miles y miles de mujeres víctimas de atropellos sexuales y de todo tipo, y que ahora podrían estar pensando en que si una mujer con medios para denunciar guarda silencio por temor a las represalias, ¿qué puede esperarles a ellas, que escasamente tienen fuerzas para llorar su humillación?

Es una lástima que algunas personas llamadas a hacer historia se declaren inferiores al compromiso que todos tenemos de luchar por una sociedad igualitaria, equitativa, que trate por igual a hombres y mujeres, y, sobre todo, integrada por seres con todo el valor civil para denunciar a quienes se opongan.

A esta periodista, lástima, la historia le pasará por encima, pero le dejará en su conciencia el peso de saber que quizás por su silencio, otra mujer, quizás allegada a ella, fue abusada…

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