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Editorial
Mensajes a Bolívar…
Pero el mensaje iba para más lejos. Iba para los colombianos en general.
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Viernes, 8 de Septiembre de 2017

En gira, los papas son impredecibles. Mucho más que otros personajes. Actúan como si pretendieran oponerse rotundamente a los protocolos y las normas para ver qué pasa. Y Francisco ni ha sido ni es ni será la excepción.

En esa manera indescifrable de ser, no es de extrañar que un personaje como él, tan arrimado a la política, tan cercano a darle un contenido social a las palabras bíblicas, así, tan rechazado como es por la vieja, rica, conservadora, aristócrata y burocrática Iglesia católica, se da sus mañas para enviar mensajes a Bolívar para que los entienda Santander…

No tiene nada de raro que, en un acto con niños rescatados del infierno de las drogas, Francisco les entregue un vigoroso mensaje de apoyo, pero también de desafío y optimismo, en palabras que clara y definitivamente eran para ellos. Pero, sin duda, no solo para ellos.

‘Gracias por la valentía, gracias por el coraje. No se dejen robar la alegría. Que nadie los engañe, no se dejen robar la esperanza…’ Eso les sugirió a los niños mientras millones de personas de todo el mundo seguían los actos por televisión.

Pero el mensaje iba para más lejos. Iba para los colombianos en general, esperanzados en una paz que desde algunos sectores les pretenden sabotear y esquilmar, y también para los políticos y los sectores que, por todos los medios, pretenden desconocer los anhelos del resto de colombianos.

‘Que nadie los engañe, no se dejen robar la esperanza…’ no es un mensaje cualquiera, es una poderosa invitación a continuar luchando por la paz, a la que quizás el papa percibe en peligro, a avanzar por el sendero de la reconciliación y la concordia, a darle el verdadero contenido que deben tener conceptos como igualdad, justicia, reparación, no repetición…

Pero, igualmente, es un mensaje admonitorio para quienes se creen por encima del querer de millones y no pierden oportunidad de ponerle zancadillas al proceso pacificador, y una forma precisa de hablarles de sus actitud y su deseo de pretender robar la esperanza. Francisco, muy bien informado, como papa y como jesuita, sabe de qué habla y por qué, y, para que no queden dudas, no se anda por las ramas y le dice pan al pan y vino al vino…

 ‘Gracias por la valentía, gracias por el coraje’ son una parte muy significativa de ese mensaje alentador y esperanzador. Sabe el papa que se necesita de mucho coraje para buscar el fin de una guerra de tantos años y materializarlo contra la voluntad de poderosas fuerzas capaces de acomodar la propia Constitución para favorecer sus intereses egoístas y pequeños.

Por si quedaran dudas, ayer Francisco habló más claro para todos, aunque un poco más para quienes no tienen la paz entre sus opciones. Dijo: ‘Es mucho el tiempo pasado en el odio y la venganza... La soledad de estar siempre enfrentados ya se cuenta por décadas y huele a cien años; no queremos que cualquier tipo de violencia restrinja o anule ni una vida más. Y quise venir hasta aquí para decirles que no están solos, que somos muchos los que queremos acompañarlos en este paso’.

A propósito de ellos, ¿qué estarán pensando ahora?

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