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Editorial
A mano izquierda
Pocas dudas quedan de que este domingo México tome el camino de la izquierda, una opción que genera muchas y contradictorias expectativas.
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Lunes, 25 de Junio de 2018

Pocas dudas quedan —realmente, casi ninguna, y poco firme— de que este domingo México tome el camino de la izquierda, una opción que genera muchas y contradictorias expectativas sobre el futuro de la segunda más grande economía de América Latina, justo al otro lado de la línea limítrofe del fortín del capitalismo.

Andrés Manuel López Obrador (Amlo), 64, político y escritor, catalogado en 2005 como el segundo mejor alcalde del mundo, cuando presidió la capital mexicana a nombre del Partido de la Revolución Democrática (Prd), que luego abandonó, está en lo más alto de las preferencias del 60 por ciento del electorado de 72,5 millones de ciudadanos.

A nombre del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), y en alianza con el Partido de los Trabajadores y el Partido Encuentro Social (Pes), lidera la coalición Juntos Haremos Historia, que casi tiene la presidencia en la mano, contra el querer y el esfuerzo vano de las viejas y corruptas maquinarias del Partido Revolucionario Institucional (Pri) y el Partido Alianza Nacional (Pan).

Amlo llega a la elección luego de superar una larga campaña plagada, como en Colombia, de propaganda negra. A él también lo acusaron de castrochavista y de pretender conducir a México hacia el socialismo. Pero, a diferencia de aquí, nadie le concedió importancia al discurso descalificador, y reflexionaron sobre el papel del Congreso como contrapeso del poder ejecutivo.

Ahora, prácticamente está todo definido en favor de la tercera aspiración del Peje, como le llaman, por su acento caribe (es del estado Tabasco), y porque en los ríos y lagos de su región abunda un pez al que llaman pejelagarto.

Sus contrincantes andan bastante lejos en las encuestas y en el favoritismo del electorado. Ricardo Anaya, del frente Pan-Prd está 20 puntos abajo, y Antonio Meade, candidato del empresariado y las élites, y del archimillonario Carlos Slim, está 26 puntos más abajo.

El discurso de Amlo es de izquierda moderada, pero la empresa privada les ha inculcado a los mexicanos que el López Obrador es un peligro para México, y en eso ha basado el discurso de Anaya.

En lo fundamental, el candidato de Morena plantea la necesidad de que, del presidente de la República para abajo, todos los funcionarios perderán los fueros y privilegios que los inmunizan ante la Justicia, y busca otorgarles independencia a los poderes públicos, incluido el electoral.

No aumentará los impuestos ni seguirá aumentando la deuda externa, que es cercana a los 200.000 millones de dólares, pero ajustará el salario mínimo, que hoy es de 121,5 dólares mensuales, y doblará la pensión a los adultos mayores.

Nadie ganará más que el presidente, cuyo salario será la mitad del actual, de 13.700 dólares, y con el programa Jóvenes construyendo el Futuro, atenderá a 2,6 millones de jóvenes que no ingresaron a la universidad.

La oposición al Nuevo Aeropuerto Internacional de México (Naim) lo enfrentó con todo el poder económico, pero le otorgó el respaldo de muchos indecisos. No es para menos, cuando se trata de parar un proyecto de 60 mil millones de dólares, en el que Slim y el gran empresariado estaban interesados.

Cuando ocurrió esa ruptura, comenzó, dijeron analistas, la definición de la presidencia en favor de Amlo.

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