Intolerancia. Falta de cultura ciudadana. Irrespeto a la autoridad. Dentro de los anteriores conceptos se enmarca un reciente y bochornoso hecho en que unos motociclistas atacaron a alféreces de Tránsito, en Cúcuta.
Para situaciones violentas como esa,el Código de Procedimiento Penal habla de que al ejercer violencia contra servidor público por razón de sus funciones se podría incurrir en prisión de cuatro a ocho años.
Y la situación para los atacantes tendería a empeorarse puesto que uno de los agredidos hace parte de los procesos de inclusión de la Alcaldía para personas en condición de discapacidad.
En ese marco tiene que entrar a manejarse la consideración de si la de los alféreces es una ¿labor de alto riesgo?, para desde ahí sacar a flote situaciones como la percepción de cierta resistencia.
Asuntos de esa naturaleza hay que evaluarlos para proceder a reforzar acciones de conciencia ciudadana, en el entendido que deben acatarse los procedimientos adoptados desde la administración municipal para la aplicación de las normas relacionadas con la movilidad en la ciudad.
Los métodos cargados de violencia para reaccionar frente a las tareas encomendadas a este cuerpo de civiles que cumplen funciones de agente de Tránsito tienen que ser rechazados.
Si es que existen denuncias contra quienes hoy ejercen ese trabajo que antes estaba a cargo de la Policía de Tránsito, pues hay que presentarlas, pero llegar a los agresivos extremos lo único que confirma es la excesiva intolerancia y la marcada tendencia a desobedecer todo lo relacionado con el Código de Tránsito.
Estos hechos no pueden quedar como asuntos anecdóticos del transcurrir diario de la vida cucuteña.
Su ocurrencia revela la urgencia de un análisis profundo por parte de la institucionalidad municipal en cuanto al comportamiento de los habitantes y la urgencia de avanzar hacia la construcción de la cultura ciudadana en la capital de Norte de Santander, como ya se ha hecho en otras partes, con resultados altamente positivos.
La iracunda actuación de quienes utilizaron la fuerza bruta y no el diálogo ni la exposición de razones, es un llamado de urgencia al gobierno local para que haga algo desde la educación cívica y la urbanidad para hacer un cambio de 180 grados en el comportamiento ciudadano.
Así como hoy se ha avanzado en la mejora de muchas calles de la ciudad que antes semejaban trochas llenas de baches, también hay que jugársela por la cultura ciudadana cucuteña.
Al igual que hoy se procuran acciones para blindar a la ciudad contra la delincuencia mediante acciones conjuntas entre Policía, Ejército y Fiscalía, la misma contundencia institucional hay que lograrse para frenar esa especie de indisciplina, desorden y falta real de conciencia con la ciudad en que habitan por parte de sus residentes.
Una inversión en ese campo, para el desarrollo de una gran estrategia con la academia, los colegios, los gremios, la iglesia, la Gobernación, el Concejo, la Asamblea, entre otros actores regionales, es urgente planearla y ponerla en marcha, porque la misma sucesión de acontecimientos, infracciones y comportamientos anticívicos ya están demostrando lo riesgoso que sería no actuar hacia la formación de un nuevo ciudadano, con acciones de educación y fomento de la responsabilidad cívica, entre otros.
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