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Editorial
‘Made in Venezuela’
 Es, en realidad, un inmenso y completo supermercado ambulante de productos traídos ilegalmente de Venezuela.
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La opinión
La Opinión
Viernes, 10 de Noviembre de 2017

Ya no son solo la gasolina por miles de litros y la carne por kilos a través del llamado bachaqueo, que no es otra cosa que el pequeño contrabando no detectado, por razón de la indiferencia y la falta de trabajo mancomunado de las autoridades que deben controlar todo lo que llega del otro lado de la frontera.

Hoy es todo. Desde aguacates hasta refrescos de malta y cervezas, pasando por bananos, panes, galletas y cuando producto encuentran los venezolanos en su país para traer y comercializar, casa por casa o en ventorrillos a la orilla de las autopistas, a la vista hasta del más despistado policía.

Es, en realidad, un inmenso y completo supermercado ambulante, en manos de centenares de vendedores, muchos de ellos enfermos, que lleva sus productos ilegales hasta la última casa del último barrio.

Y, si como algunos venezolanos conscientes tienen razón, detrás de todo este montaje, alguien debe estar haciendo dinero a cataratas en cualquier ciudad en los estados vecinos, gracias a los vendedores, que difícilmente sobreviven allá y acá y que hacen lo que sea por vender su mercancía.

La situación parece normal en una ciudad de frontera.

Pero no lo es, no puede serlo nunca, y menos cuando detrás de cada aguacate vendido hay un agricultor nortesantandereano que comienza a enfrentarse a serios problemas, porque la impía competencia del venezolano derriba cualquier precio. Y, obvio, los compradores prefieren siempre los aguacates más baratos. Para nada les interesa saber que con su compra contribuye a que un colombiano se arruine.

Y así, de aguacate en aguacate, de tomate en tomate, el país va perdiendo...

No se trata de desconocer la situación que afrontan los hermanos venezolanos, sino de enfrentar un problema muy grave, aunque el parroquialismo impida que se vea: la falta de control oficial en las fronteras. Nadie sabe quién pasa ni con qué ni para qué. No es constante la exigencia de documentos idóneos para entrar al territorio.

Se supone que ninguna especie vegetal puede ingresar a Colombia sin haber pasado antes por una cuarentena determinada por el ICA, luego de que la Dian le entrega el material que llega y que la Policía detectó a una persona que Migración Colombia identificó plenamente.

Pero nada de lo anterior se cumple. Ni por excepción. Ni por equivocación.

Por no exigir documentos, decenas de buses de todo el país se llevan, por la vía de Pamplona-Bucaramanga, donde tampoco nadie revisa nada, a centenares de inmigrantes irregulares que van al interior del país, a establecerse, o camino al sur.

El comercio callejero en Cúcuta es la ruina de la ciudad, y la ciudad no ha querido hacer conciencia. Los productos ‘Made in Venezuela’, a precios tan bajos que parecen mentira, no tienen rival. Nadie puede competir contra ellos.

La gente los compra sin detenerse a pensar en la posibilidad de que a través de ellos, los orgánicos, especialmente, pueda estar contribuyendo a facilitar la entrada de cualquiera de las enfermedades que está minando la salud en el vecino país y que tiene en alerta a las autoridades sanitarias internacionales. 

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