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Editorial
Los riesgos de la desnutrición
Más que detenernos a considerar cifras, tenemos que entrar a tomar conciencia en cuanto a las incidencias  negativas que se desencadenan sobre las funciones en el cerebro como consecuencia de la desnutrición crónica.

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La opinión
La Opinión
Miércoles, 15 de Abril de 2026

La desnutrición infantil en Colombia es un problema que va más allá del hambre porque detrás se ocultan severas repercusiones que incidirán en el normal desarrollo cognitivo.

Más que detenernos a considerar cifras, tenemos que entrar a tomar conciencia en cuanto a las incidencias  negativas que se desencadenan sobre las funciones en el cerebro como consecuencia de la desnutrición crónica.

Deben primar las medidas para evitar, a toda costa, que la primera infancia sea condenada a sobrellevar un mal disparador de enfermedades y el cual afecta las posibilidades de aprendizaje al tener impacto sobre el desarrollo cerebral.

Entre otras, la memoria, la atención y la inteligencia resultan siendo disminuidas al no existir la suficiente cantidad de nutrientes requeridos para garantizar un funcionamiento  normal, que luego llegará a impactar también el pensamiento crítico, por ejemplo.

La comprensión lectora,  el pensamiento matemático, el recuento de palabras y la producción de lenguaje son otras de las tareas básicas a las que la desnutrición les ocasiona severos daños que a la postre se reflejarán de manera negativa sobre el rendimiento académico.

En un escenario de esa naturaleza, el futuro relacionado con el acceso a la educación superior laborales, las oportunidades laborales y  a mejorar sus condiciones de vida podrán frustrarse o volverse lentas  o definitivamente no llegar a tener opción y seguir repitiendo un ciclo de pobreza y de sus problemas conexos.

Entonces, para que no haya generaciones perdidas en razón a las necesidades básicas insatisfechas así como a la pobreza extrema y la miseria, hay que hacerse mucho más para que nuestros niños y adolescentes sean protegidos de ese otro enemigo que los amenaza y al cual debe cerrársele la puerta con el fin de que no sigamos hablando de la desnutrición aguda que hasta el 9 de abril registraba 6.742 casos en el país.

Es decir, hay que profundizarse en el desarrollo de proyectos sociales, económicos y de salubridad, dentro de una estrategia que tenga a la nutrición como plan transversal.

Ni un niño desnutrido más en el país es la consigna para generar conciencia en relación a este daño causado por la desigualdad, que como lo advierte la Unicef, los pone en riesgo de contraer enfermedades graves y limita enormemente su capacidad para contribuir al crecimiento económico de sus comunidades.

Debe tenerse presente que las mujeres desnutridas tienen más probabilidades de dar a luz bebés de bajo peso, llevando implícita la posibilidad de desnutrición en las siguientes generaciones como lo expone la Unicef.

Como se advierte, son muchos los impactos de este problema del cual no escapa Norte de Santander, que hasta la fecha ya  reporta 219 casos de desnutrición, motivo que requiere la acción de las autoridades.

El departamento, al tener características especiales como la localización fronteriza, el incesante conflicto armado y las dificultades generadas por la pobreza, el desempleo y la informalidad,  tiene el riesgo de que la desnutrición ataque con fuerza.

Derrotar un mal como el mencionado equivaldrá, lógicamente, al mejoramiento de una serie de condiciones socio-económicas que van directamente ligadas.


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