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Editorial
Los niños excluidos
Estos niños en buena parte vienen de Venezuela, los traen sus padres en busca de darles un presente mejor que el que pueden ofrecerles allá.
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La opinión
La Opinión
Martes, 26 de Septiembre de 2017

Tal vez los funcionarios del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) de Cúcuta no salen de sus bien ambientadas y cómodas oficinas. Alguna buena razón burocrática debe mantenerlos allí, bien arrellanados.

Por eso no se dan cuenta de la gran cantidad de niños que, al sol y al agua, de día y de noche, permanecen en las calles junto a sus supuestos o reales padres, sobreviviendo de la cada vez más escasa caridad pública.

Nadie se preocupa por ellos, a nadie les importa en qué condiciones estén, ni siquiera al Icbf, organismo que está obligado a velar por ellos, como parte fundamental de la familia.

Estos niños en buena parte vienen de Venezuela, los traen sus padres en busca de darles un presente mejor que el que pueden ofrecerles allá. Pero, en realidad, lo que reciben todos esos niños es desprecio de todos, incluido el Estado y todos los organismos creados para garantizarles una mejor vida.

Hoy, en Cúcuta, son niños parias, abandonados por quienes están obligados a darles bienestar. Es como si no fueran niños que mueren lenta e inexorablemente bajo el agostador sol de Cúcuta, sin alimentos, sin cariño, sin nada de lo que merecen.

Vale preguntar si el Icbf los considera primero extranjeros que niños, y que por esa razón no merecen que se les de la mano, lo cual contradice de plano el espíritu que muestran las cortes colombianas, que incluso protege a las prostitutas extranjeras.

La pregunta es válida, a pesar de que las primeras líneas de la definición de lo que es el Icbf, en la web, explica con todas las letras que ‘es la entidad del estado colombiano que trabaja por la prevención y protección integral de la primera infancia, la niñez, la adolescencia y el bienestar de las familias en Colombia, brindando atención especialmente a aquellos en condiciones de amenaza, inobservancia o vulneración de sus derechos…’

Pues, para que lo sepan los burócratas en Cúcuta, esos niños están en Colombia, aquí están esperando no tanto que alguien se conmueva, sino que los que deben hacerlo cumplan con su deber de garantizarles todo lo que dice el Icbf que hace. Si es que hace todo lo que dice… 

Para esos niños que mendigan en calles cercanas a oficinas del Icbf, tan cercanas que cualquier funcionario los podría ver por la ventana, esa definición no es más que una bella mentira bien escrita, que no los excluye como extranjeros. Pero, aunque los excluyera, ¿no son acaso niños?

Los argumentos jurídicos, las razones legales no pueden pesar más que la imperiosa necesidad de esos niños de ser atendidos en todos los sentidos por un Estado indolente que entrega misiones delicadas a funcionarios indiferentes y preocupados más por su bienestar y su futuro, que por el precario presente de las criaturas más frágiles de todas.

Y si esos niños están excluidos de la acción del Estado, por su calidad de extranjeros y de ser inmigrantes irregulares, ¿qué clase de sociedad es esta, qué clase de ciudadanos hay aquí, que se permiten el lujo de discriminar a la inocencia porque necesita comida y un sitio dónde estar lejos de cualquier peligro? ¿En verdad el Icbf cuida de los niños? ¿Se podrá hacer algo por ellos?

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