Colombia es cruzada por la estela que dejan los señores de la guerra con sus negocios de muerte en el mundo, al ser uno de los países surtidores de mercenarios en ese mercado ilegal.
En este tráfico de personas que se tipifica con la contratación de combatientes para que vayan a luchar en conflictos armados ajenos, más de 10.000 colombianos han sido reclutados, como lo reseñan las primeras estadísticas que revela la ONU.
Hablando de datos, el grupo de trabajo sobre mercenarismo de la Organización de las Naciones Unidas trae uno según el cual se calcula que en Ucrania habría 3.000 personas llegadas desde Colombia enroladas en la guerra que libra ese país europeo contra las fuerzas rusas.
Esas no son cifras menores ni sus consecuencias tampoco son para dejarlas de lado, puesto que debemos recordar cómo recientemente el primer ministro de Sudán, Kamel Idris, hiciera un llamado al pueblo colombiano para contener que combatientes a sueldo sigan llegando a ese país africano a formar parte de un grupo paramilitar.
Es de extrema gravedad lo sucedido en este campo porque es el nombre de todo un país el que resulta siendo puesto en la picota, al haber mercenarios en Yemen, República Democrática del Congo, Somalia, al igual que en naciones del Medio Oriente como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.
Es de tal magnitud la situación, que hasta los integrantes de ese cuerpo especializado de la ONU plantearon la necesidad de recabar datos más precisos y abordar las causas originarias, porque“es probable que esta tendencia siga aumentando”.
En el sitio web de Naciones Unidas que relaciona las noticias ONU se lee lo siguiente, que debe llamar la atención de las autoridades colombianas:
“(...) en su mayoría exmilitares se encuentran entre los más solicitados para desempeñar funciones en el sector de la seguridad y en conflictos armados. Los cuantiosos incentivos económicos, la ausencia de oportunidades laborales en Colombia y el aumento del reclutamiento en línea han llevado a un incremento de solicitudes de empleos en el extranjero, incluyendo para el combate activo”.
En este marco, hay que hacer el mayor esfuerzo para la aplicación de la ley para prevenir la actividad mercenaria ilegal, para entre otras cosas, evitar el involucramiento de exmilitares colombianos en hechos internacionales de tal magnitud como el asesinato del presidente de Haití, en julio de 2021.
Su importancia radica en que esta norma ratifica la Convención Internacional contra el reclutamiento y uso de mercenarios. También se espera el fortalecimiento de los mecanismos de cooperación judicial con otros países y permite avanzar en protocolos de extradición de reclutadores que operan desde el exterior.
Pero es urgente que no se vaya a quedar, como sucede muchas veces, en una ley sin aplicación alguna. Para este caso es urgente el cumplimiento estricto de la misma.
Para ello, será necesario fortalecer los sistemas de control y vigilancia, y diseñar programas sociales que ofrezcan alternativas reales para jóvenes y exmilitares en situación de vulnerabilidad, a fin de evitar que queden en riesgo de ser captados por los reclutadores. internacionales
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