Desde 1965 se celebra en Colombia el Día del Campesino que, en esta era, pese a la acelerada urbanización de la población, sigue siendo un factor fundamental para garantizar la producción de alimentos mediante la labranza, en un ambiente enrarecido por la vicisitud de fenómenos que van desde lo económico y social hasta el endémico problema de orden público.
El Departamento Nacional de Estadística (DANE), en una radiografía sobre la población campesina en el país, reportó la existencia de 15,2 millones de colombianos que habitan en el campo.
Al contrastarlo con el total de habitantes, se destaca que el 30% de los colombianos se encuentran en el sector rural, que trayéndolo a Cúcuta, pues resalta la importancia de cuidar, desarrollar e impulsar a los diez corregimientos que tenemos y los cuales requieren de un plan robusto para convertirlos en despensa de la ciudad y en un lugar de agroindustralización y generación de empleo agropecuario.
En esa medición, Norte de Santander se encuentra entre los departamentos con más personas en tareas de la ruralidad, lo cual constituye otro reto para las administraciones departamental y municipales para que fortalezcan y le den prioridad al campo en el presupuesto y en las acciones concretas para la conectividad entre las zonas productoras y los centros de consumo, por dar solamente un ejemplo.
El territorio nortesantanderano se encuentra entre los diez con mayor número de personas dedicadas a las labores del campo, teniendo 11.152 mujeres y 47.024 hombres trabajando en la agricultura y la ganadería en esta parte de Colombia.
Según la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria, en el país ascienden a 1’503.999 hombres dedicados a este tipo de actividades, mientras que 529.968 mujeres labran y efectúan otra clase de labores similares.
Se encuentra primero Boyacá con 117.484 campesinas productoras y 255.932 campesinos productores. Después siguen: Cundinamarca con 71.819 y 189.528. Nariño, 70.743 y 172.369. Cauca, 65.303 y 158.826, Antioquia, 30.402 y 114.757, Santander, 27.646 y 80.585, Tolima, 26.617 y 92.243. Huila, 17.710 y 72.928 y Córdoba 12.362 y 44.500.
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural debería, con estas cifras, proceder a preparar un documento para ir al Ministerio de Agricultura y exponer que la política agraria nacional tenga mayor preponderancia en Norte de Santander, mediante estímulos en todos los órdenes.
Ser décimos en cuanto a los productores reales del campo, merece que la reforma agraria, los créditos, el fomento y el desarrollo de proyectos productivos pudieran hacer realidad el llegar a ampliar la frontera alimentaria en el departamento.
No pueden quedarse estos datos, ahí, como simples cifras frías, sino convertirse en documentos de propuestas concretas en las que sí tienen que jugar un papel de gestión los congresistas para que el departamento vigorice la economía y la productividad agropecuaria, que puede ayudar a confrontar problemas como el desempleo y hasta la misma violencia, porque al ofrecer oportunidades no habrá necesidad de mirar hacia la delincuencia.
El propio gobernador Silvano Serrano y los alcaldes pueden dejar, antes de entregar sus mandatos, una gran propuesta concreta para que nuestra región se vuelva más estratégica en ese frente, incluso con miras hacia la atención de un mercado latente como el venezolano.
El Día del Campesino para los nortesantandereanos tiene que dejar de ser una fecha más y traducirse en que, también, haya planes para que los jóvenes tengan en su plan de vida la tarea de seguir construyendo la potencia agraria.
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