La voz de más de mil campesinos que se concentraron en el polideportivo de Tibú, que se dejó escuchar hasta con amenazas de un paro nacional indefinido y advertencias contra el propio presidente Gustavo Petro, confirma por un lado que hay cansancio y preocupación popular por la lentitud e improvisación para el manejo de un asunto tan vital como la paz.
Se interpreta lo anterior en que si hay una política llamada de ‘Paz Total’ lo lógico es que existiesen un cronograma, unos protocolos y todo el andamiaje jurídico y político para llegar a etapas como la instalación de la mesa, sin incertidumbres.
Frente a lo sucedido en el municipio del Catatumbo, que al igual que muchos otros del país hoy sufren las laceraciones ocasionadas por la guerra, los mensajes emitidos desde el lado del público asistente, tienen sin duda que preocupar al Gobierno Nacional para que ojalá rectifique en muchas de sus acciones erráticas.
Eso de decir por parte de algunas organizaciones campesinas que así como apoyaron a Petro a llegar a la Presidencia en el mismo sentido lo podrían sacar de la Casa de Nariño y la notificación de irse a un inédito paro campesino si no había una definición del cese del fuego bilateral con la disidencia de las Farc de Iván Mordisco, son mensajes que no pueden dejarse pasar por alto en las esferas gubernamentales.
Primero, porque estas expresiones no salieron de la oposición política y social contra el primer presidente de izquierda sino de una de las bases de donde obtuvo una importante cauda electoral para llegar a la primera magistratura, lo cual es un campanazo de alerta.
Segundo, porque la lectura de ese hecho es un indicativo que molestias de la misma naturaleza están a punto de desbordarse en otros sectores de la población afectos al Gobierno que están viendo que ha llegado la hora de pasar de los discursos a las ejecuciones concretas para atender los centenares de necesidades del país.
Y en la práctica, esto deja ver que el encuentro de paz en tierra tibuyana, donde la disidencia de las Farc hace patrullajes y hasta se ha tomado la justicia por su propia mano, dejó más dudas que certezas en numerosos territorios que buscan zafarse del yugo de la violencia.
Y no es que la región no quiera la paz. Ese es un anhelo real para lograr en paralelo la remoción de problemas socio-económicos y de desarrollo estructural. Pero lo que se les reclama a las partes es que la sensatez prime y los compromisos se cumplan, por ejemplo el de cesar las hostilidades contra la población civil.
El hecho de hablar inicialmente de un cese del fuego de diez meses, que sería realmente un tiempo adecuado, para después decir que apenas llegaría a tres o cuatro meses, siembra de inmediato la incertidumbre, así desde la oficina del alto comisionado de Paz se hable que podrían darse prórrogas con la disidencia del Estado Mayor Central de las Farc.
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Eso aquí en Cúcuta -que ha sido escenario de ataques por parte de esa facción contra la Brigada 30 y el Aeropuerto Internacional Camilo Daza- equivale a una fugaz temporada y por ello el Gobierno y esa disidencia deberían hacer más por contener el conflicto y avanzar hacia unas negociaciones sólidas.
Un hecho a tener en cuenta es que no podría ser posible que en la eventualidad de pactarse un acuerdo de paz con el EMC, a futuro aparezca otro grupo disidente a esta disidencia, aspecto que ojalá sea tenido muy en cuenta por los negociadores y por las partes y que todos los miembros y comandantes del grupo de Iván Mordisco tengan el compromiso real de paz.
