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Editorial
Las Farc, al agua
Si en realidad quieren llegar electoralmente a alguna parte, los exguerrilleros de las Farc tendrán que adoptar toda una cultura político electoral que desconocen.
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La opinión
La Opinión
Martes, 29 de Agosto de 2017

Todos los miembros, comenzando por los excomandantes y ahora dirigentes de las Farc, saben de sobra que la dinámica política que genera una guerra es radicalmente distinta de la derivada de la lucha partidista legal, en más o menos igualdad de condiciones… y que es mucho más difícil ganar un voto legalmente, que hacerlo mediante la presión de las armas.

Si en realidad quieren llegar electoralmente a alguna parte, los exguerrilleros de las Farc tendrán que adoptar toda una cultura político electoral que desconocen incluso en los detalles más pequeños y en los más obvios. Será un largo aprendizaje que les costará mucho.

Quizás no lo acepten, porque les puede parecer una aberración, pero aún disponen de tiempo para pensar en cómo reemplazar la presión del fusil por la del sancocho o la del tamal —camiseta incluida—, o convertir su debut en un desastre espantoso.

En materia de discurso, ya saben qué hacer: lo expuso Rodrigo ‘Timochenko’ Londoño, en charla con excombatientes: ‘Tenemos que tomar conciencia de la amplitud con la que debemos dirigirnos a la Nación, sin dogmas y sin sectarismos, ajenos a toda ostentación ideológica, con propuestas claras y sencillas’.

Es decir, que a pesar de que el suyo será ‘un partido revolucionario, que al tiempo represente una opción política para los problemas cotidianos de la población’, ya no se escucharán las viejas y desgastadas frases contra la burguesía chupasangre, el imperialismo y sus lacayos y el capitalismo salvaje, y en favor del internacionalismo proletario.

Todo eso murió para las Farc, dedicadas como están estos días, desde el domingo, a su transformación en partido político con opción de poder. Al menos es lo que se deduce… Que aspiren a transformar el Estado y el orden social no es más que una aspiración sacada del cajón de lo obvio, que además esgrimen todos los demás partidos políticos.

Por ahora, el nuevo partido ya tiene trazado su camino inmediato: sintonizarse con un electorado que transcienda sus bases tradicionales, como lo planteó ‘Timochenko’, mediante la construcción de un movimiento social capaz de impulsar, desde abajo, las grandes transformaciones nacionales, como lo describió ‘Iván Márquez’.

Sin embargo, para mantenerse vigentes como partido y como dirigentes, quizás sea necesario disputarles a los partidos tradicionales cada voto con sus mismos métodos: son a los que está acostumbrado el electorado. 

Desde luego, lo ideal pasa por barrer con el viejo sistema clientelista e imponer una nueva cultura democrática. Pero cambiar esas prácticas y esa forma de pensar les podría costar a las Farc tanto o más que la guerra de casi 60 años: cambiar la manera de pensar de todo un país no es tan fácil como domeñarlo a punta de fusil.

Habrá que esperar la primera elección, para ver los resultados logrados por el nuevo partido. Ojalá la decepción no sea tan grande que lleve a sus dirigentes a pensar en regresar a donde ya no podrán hacerlo. Ojalá.

Pero si el suficiente conocimiento de cómo los líderes barriales y veredales manejan los hilos de las elecciones, el trabajo de los exguerrilleros será muy arduo. Ya lo van a ver…

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