Hubiera sido muy tranquilizador saber que el presidente, Iván Duque, no se contradice cuando por un lado señala que su Gobierno no está pensando en una carrera armamentista en relación con Venezuela, y al mismo tiempo advierte que los planes de adquirir un escudo antiaéreo de un billón de pesos es un hecho.
Hubiera sido tranquilizador, sin duda, en especial para la frontera, porque, como lo ignoran en altos niveles del Gobierno, es en esta zona, en estas ciudades, donde se centraría el escenario de una guerra con el vecino.
Pero, contra todo lo que significan las instrucciones de “no caer en ninguna provocación”, son más las dudas que las certezas en relación con lo que piensa y dice el mandatario, y la intranquilidad se mantiene…
Una duda: si no se va a entrar en una carrera armamentista, si no se va a caer en provocaciones, si todo está bien, como parece ser parte del mensaje, ¿para qué gastar un billón de pesos en un escudo antiaéreo que no probablemente jamás prestará utilidad alguna, pues ni Venezuela ni otro vecino tendría razones para atacarnos?
Otra duda: si ya no hay guerra contra el peor enemigo que tenía el Estado —lo que queda luego de liquidadas las Farc es nada comparado con lo que había— ¿para qué tener un Ejército de las dimensiones del que hay, que cuesta enormes cantidades de dinero?
Si Colombia no se hace eco de amenazas, como indica la orden presidencial, ¿cuál es la razón para los desplazamientos de tropas y equipos hacia Cúcuta, si, como lo han sostenido de manera oficial varios voceros, en la zona, concretamente en el Catatumbo, hay entre 8 mil y 12 mil soldados?
La frontera necesita las certezas que el gobierno esconde, exige que le digan la verdad sin esconderle nada, que no le dejen dudas a nadie, como está ocurriendo ahora con la contravía entre los discursos y las acciones.
Colombia necesita más dinero para educación, para artes, para deporte, para salud y para apoyo a los campesinos, y menos para asuntos militares. O ¿cuál fue, entonces, el beneficio de cesar la guerra, que consumía tantos recursos y de los que, se dijo, serían destinados al desarrollo del país?
Por estos lares, los hospitales están en quiebra, las escuelas se caen, no hay puentes durables, faltan carreteras de todo tipo, la seguridad no existe, impunidad y corrupción son fenómenos generalizados, porque no hay dinero para nada.
Si Colombia no tiene interés, como no debe tenerlo, en utilizar la vía armada para sacar a Maduro de la presidencia de Venezuela, hay razones suficientes para dedicar todos los esfuerzos y recursos del Estado a otros asuntos vitales, como la situación del Catatumbo.
Hace tres días, por lo menos 8 mil personas tomaron parte en asambleas en las que se definió un plan de desarrollo para el Catatumbo que cuesta 3.4 billones de pesos, como mínimo. Sin duda, allí serviría mucho más el billón de pesos del sistema de defensa. Al menos allí habría de qué defendernos: hambre, necesidad, sed, incomunicación, enfermedad, falta de educación…
