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Editorial
Las campañas de los candidatos
Un candidato debe estar revestido de autoridad y de respeto. 
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La opinión
La Opinión
Domingo, 14 de Enero de 2018

En Colombia los candidatos al Congreso, para el período 2018-2022, ya están en plena campaña. 

Con su inscripción ante la Registraduría Nacional del Estado Civil legalizaron su participación en esa carrera y por consiguiente asumieron responsabilidades políticas que les impone deberes tanto como los derechos de los cuales son titulares.

El candidato a un cargo de elección popular debe hacer de su campaña un ejercicio de ideas y propuestas que promuevan soluciones a problemas del país y de sus regiones. 

Es un aporte al desarrollo de una cultura política con miras al fortalecimiento de la democracia.

Por eso, cuanto se proponga debe partir del reconocimiento de realidades y hacerse con voluntad de acierto, dejando de lado verdades a medias, demagogia y falacias que tienen el efecto de la tergiversación.

Un candidato debe estar revestido de autoridad y de respeto. 

Esa condición se la dará su seriedad en el estudio de los asuntos públicos, el temple ético de su comportamiento en las diversas actividades que lleve a cabo, el cumplimiento de sus compromisos, la transparencia de sus actos y su alejamiento de lo que pueda dar lugar a sospechas o implique desconocimiento de la legalidad. 

Además, un candidato debe estar consciente de que las elecciones no tienen por qué convertirse en comercio de la compraventa del voto. Su triunfo no puede depender de ese fraude sino de la adhesión libre de los ciudadanos como apoyo a unas ideas, a un programa en que se tracen las posibilidades de superar estrecheces y perturbaciones que afectan a la mayor parte de la población.

No es extraño encontrar algunas campañas dedicadas solamente a un proselitismo vacuo. No se interesan por el conocimiento de los problemas nacionales o regionales. 

Apenas le preocupa al  candidato llegar, sin saber cuáles serán sus competencias en la función de legislar. Es común también la dedicación al patrocinio de versiones calculadas para desorientar y presionar a los electores a caer en posiciones confusas.

Pensando en que el país debe salir de problemas que acosan a la gente hay que hacer de las elecciones un evento que lleve a una correcta identificación de las prioridades. Y de estas la de mayor peso es la consolidación del acuerdo de paz con las Farc a fin de sepultar para siempre ese conflicto armado. Hay que entender que la paz también supone cambios que hagan de la política un ejercicio decente y de beneficio para todos.

En vez de la cháchara doméstica en los corrillos de las sedes políticas lo que se requiere es la reiteración de propuestas que ayuden a corregir el rumbo de la gestión pública. Una pedagogía efectiva que contribuya a levantar barreras contra la corrupción representaría un gran triunfo para todos.

De todas maneras, las campañas de los candidatos al Congreso deben representar la expresión de una nueva voluntad política que lleve a Colombia a un destino de progreso con énfasis en una democracia que haga posible salir de las debilidades que son propicias a frustraciones y desencantos.

Y los votantes deben y tienen que ejercer también su derecho a elegir con responsabilidad y compromiso. En Cúcuta y nuestra zona de frontera tenemos muchos problemas y situaciones pendientes de resolver. Hay que comprometer a los candidatos con la superación de nuestras dificultades y hacer lo que siempre hemos aquí pedido: elegir bien. 

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