La actitud del Gobierno nacional en relación con los problemas generados en Cúcuta por la llegada incontrolada y masiva de indigentes venezolanos recuerda los remilgos de ciertas personas ante situaciones molestas, aunque sin los aspavientos que de ordinario los acompañan.
Conocen el asunto de cerca y lo discuten, pero cuando llega el momento de adoptar las soluciones, acuden a las evasivas y las dilaciones, mientras asumen la característica pose de quien quiere mostrarse preocupado.
La presencia de centenares de inmigrantes irregulares en calles y parques de Cúcuta constituye hoy el principal problema local, aunque ni el Gobierno nacional ni el departamental ni el local lo admitan. Es un problema tal que cualquier día de estos puede degenerar en violencia y en situaciones difíciles de controlar.
Ya colmó la paciencia de los cucuteños, que nada quieren saber de foráneos exigiendo dinero para comer y, pordioseros con garrote, presionando con palabrotas gestos amenazantes y actitudes desafiantes como la miserable de satisfacer sus necesidades fisiológicas en la puerta de la casa donde alguien les ha dicho no.
La presencia de venezolanos que no tienen medios siquiera para alimentarse ha impactado en la seguridad en la calle, no solo en Cúcuta sino en poblaciones del departamento alejadas de la zona fronteriza; generado mayor invasión del espacio público, y creado un creciente clima de hostilidad y resistencia ciudadana hacia los inmigrantes, además de problemas graves de convivencia en sectores como Sevilla, en cuyo campo deportivo los indigentes establecieron el infamante Hotel Caracas.
Hay que buscar ayuda internacional, aunque estas palabras les disuenen a algunos funcionarios. Es un problema que involucra a dos estados, y si bien guerra como causa del éxodo no hay, si existe una situación política, social y económica que hace invivible a Venezuela.
¿Por qué los cucuteños tenemos que darle cara a una situación generada por la política internacional? Este es un problema que debe solucionar el Gobierno, al nivel que sea, pero, preferiblemente, al Nacional, con la cancillería a la cabeza.
Pero soluciones ligeras como las que han contemplado en la Alcaldía no caben. Construir un barrio para los venezolanos no es viable, y menos si se tiene en cuenta que la misma solución no ha sido planteada para los indigentes colombianos. Y ni qué decir de pedirle al Gobierno nacional la creación de proyectos económicos para los extranjeros. ¿Y por qué no para los colombianos…? Y ¿qué se gana con crear una Policía especial para atender a los venezolanos?
La solución que sea debe ser eficaz, para liberar a la ciudad de un problema que no le pertenece, pero que lo sufre y soporta, y que está haciendo grave mella en el ánimo de los cucuteños, antes tan abiertos para los foráneos, pero tan cerrado ahora, por razón de los nuevos indigentes que los han invadido y desplazado.
Porque, según datos oficiales, algunos pequeños empresarios prefieren darles empleo a los extranjeros, antes que a los colombianos, porque aquellos les cuestan menos. Y los han desplazado de la atención médica en los centros asistenciales del Estado, y en actividades comerciales informales.
Probablemente en su país no lo eran, pero acá, a donde siguen llegando, los venezolanos que se quedan en la ciudad, en su mayoría son indigentes.
