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Editorial
La hora definitiva
Ni siquiera la muerte prematura y hasta hoy insuficientemente explicada Chávez.
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Domingo, 30 de Julio de 2017

Pocos episodios históricos han sido tan importantes y definitivos para Venezuela como la elección hoy de la Asamblea Nacional Constituyente convocada por el presidente Nicolás Maduro, a nombre de la revolución bolivariana socialista.

Ni siquiera la muerte prematura y hasta hoy insuficientemente explicada del coronel Hugo Chávez, gestor de la revolución que tiene a Venezuela sumida en la peor crisis general de cualquier país latinoamericano en las últimas décadas, marcó un hito histórico de verdad definitivo.

Ni el terrible Caracazo ni la destitución del presidente Carlos Andrés Pérez tuvieron las connotaciones que tendrá la elección de hoy, cuyo resultado es no solo previsible, sino conocido desde su convocatoria.

Es muy probable que la asamblea ni siquiera se reúna, ante las presiones de todo tipo del mundo entero para que no sea reconocida. Y, en caso de que logre sesionar, el futuro de Venezuela y de Latinoamérica dependerá del tipo de Constitución que apruebe.

Son comprensibles las razones por las cuales fue convocada la Asamblea: Maduro busca mantenerse en el poder, acaballado en una Constitución que se lo permita y que, por otra parte, garantice que el agonizante bolivarianismo socialista de su revolución perdure.

Pero, más allá de la insistencia de Maduro y de los resultados de hoy, varios países, Colombia, el primero de todos, niegan cualquier reconocimiento de la Asamblea, porque la consideran espuria, es decir, sin ninguna legitimidad. Y eso ya es un obstáculo invencible.

Significa que todo lo que tenga base en la nueva Constitución será considerado por el mundo como ilegítimo, y entonces el gobierno sustentado en ese texto jurídico no tendrá aceptación alguna: sus diplomáticos no serán aceptados, y el país podría ser marginado de todos los organismos internacionales. Sería Venezuela un Estado paria. Su conducta sería considerada como fuera de las normas internacionales de comportamiento.

Aunque el término corresponde más al lenguaje de la política exterior de Estados Unidos, qué duda hay de que todos los países de su órbita actuarían como dijera Washington; al fin y al cabo, la actitud general de estos días corresponde a ese modo de actuar.

De hecho, para Estados Unidos ya Venezuela es un Estado paria, como en anteriores oportunidades lo fueron Argentina, Brasil, Chile, Cuba, Haití y Paraguay, entre los 35 países que han sido incluidos en esa categoría.

La oposición venezolana, exangüe y sin ideas, recobrará bríos con una Constitución que pretenda birlarle, con base en el derecho, garantías y derechos que ya le quitaron por las vías de hecho.

Y así, marginado en el exterior y con una oposición mucho más enfervorizada y violenta que hasta ahora, muy pocos días le podrían quedar no solo a Maduro sino al sistema mismo, desde luego, contando con que los militares abandonen una revolución que los ha hecho más ricos cada día, y más poderosos.

Una Constituyente surgida de las elecciones de hoy, pondrá a Venezuela mucho más cerca de la violencia generalizada de lo que hasta ahora ha estado, por cuanto, sin dudarlo un segundo, las milicias populares, sostén básico de los constituyentes y de la revolución, serán ocupantes de las trincheras de primera línea en la batalla real.

Ojalá nos equivoquemos…

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