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Editorial
La falta de ideas
Hay una vergonzosa y absoluta carencia de ideas en los cerebros de los líderes políticos de la región.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 15 de Marzo de 2018

Pasaron las elecciones de Congreso, y a Norte de Santander no le quedó una sola idea novedosa, ni siquiera nueva. Todo, en boca de los candidatos, fue un largo desfile de lugares comunes, sin siquiera maquillaje, con los que a nadie se convence.

Por fortuna para los candidatos, y desgracia de la democracia y del país, hay un mecanismo obsceno, delictivo, que permite a ciertos aspirantes a cargos públicos ser elegidos: la compra de votos cimentada en el clientelismo vulgar de mercachifle y buhoneros electorales.

En una democracia sana, son las ideas las que mueven al electorado, las que sostienen el sistema político, las que estimulan el debate que edifica. Pero, qué duda queda de que en Norte de Santander el ejercicio democrático encuentra su máximo valor en el precio impuesto por el voto, porque ni siquiera se permite negociarlo…

Por eso, mientras haya dinero, y lo hay —¿será oportuno preguntar de dónde vienes esos enormes capitales con los que se definen las elecciones aquí?—, ninguno de los candidatos se preocupará por las ideas. ¿Para qué, si el dinero puede mucho más que la mejor idea?

Por eso, en Norte de Santander, durante la pasada campaña, los aspirantes a Cámara y Senado entonaron la misma triste cantinela de impulsar la adopción de un régimen fiscal y tributario especial para Cúcuta, alivio incluido, de programas de impulso para la industria local, de un marco especial fronterizo, de mejorar todo lo relacionado con la educación, de proyectos de todo tipo para el Catatumbo… pero ninguno de ellos dijo que esas ideas son casi tan viejas como Norte de Santander.

Si hubiera habido siquiera un par de ideas realmente novedosas, tal vez los 220.000 votos que se llevaron candidatos al Senado de otros departamentos, no se hubieran ido, y menos, se hubieran desperdiciado con candidatos no elegidos, como sucedió con casi la mitad de los votos que se llevaron.

Pero hay una vergonzosa y absoluta carencia de ideas en los cerebros de los líderes políticos de la región.

Por eso, lo más destacado de los últimos años en materia de ideas expuestas por nortesantandereanos en el Congreso fue la increíble de pedir un mayor pago, porque al autor de la genialidad, lo que ganaba (en ese momento unos 18 millones de pesos mensuales) no le alcanzaba para la gasolina de la camioneta de su escolta.

No pensar les resulta muy caro a los políticos fronterizos. Si expusieran una idea al menos, novedosa, viable, lógica, atractiva, podrían con ella convencer a la mitad de sus electores; a los otros los comprarían y el gasto sería mucho menor.

El problema es que las ideas para gobernar no surgen del mero hecho de ser político: hay que leer, llenar el cerebro de otras ideas, ejercitarlo para ser lógico y coherente, pensar mucho y con fundamentos, comparar la realidad, estudiar… y en ello quizás falle la mayoría de los políticos de la región.

No hay otra explicación posible para la dramática carencia de ideas, y cuando ellas y el dinero se acaban, queda, entonces, el recurso de la ofensa, del irrespeto al contrario, de la trampa electoral. Y en esto sí que hay ideas novedosas y exitosas…

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