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Editorial
Invasión de sancocherías
No hay lugar de la ciudad libre de estas ventas de comidas y bebidas, muchas sin los debidos controles sanitarios y de higiene.
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Martes, 12 de Junio de 2018

Hubo una época en la que como en todas las ciudades del país, Cúcuta disponía en las noches de restaurantes típicos o amanecederos, con instalaciones adecuadas, estacionamientos, buena atención, óptimos servicios y con precios accesibles a las más variadas clientelas.

Eran los sitios a donde se podía acudir después de intensas horas de parranda y cuando cerraban sus puertas los clubes y restaurantes tradicionales. 

Como tantas cosas buenas de la ciudad, estos amanecederos han ido desapareciendo. 

Algunos fueron reemplazados por bares y cantinas de mala muerte y hasta se convirtieron en peligrosos antros. 

Las autoridades perdieron el control sobre muchos de estos sitios que derivaron en lo que hoy se conocen como ollas de drogadictos y malandros. 

Pero paralelamente fue surgiendo en la ciudad otro grave problema, quizá por la crisis económica de la zona de frontera, el desempleo, la informalidad y la falta de autoridad, que es el de la proliferación de ventas de comidas, sancocherías, fritangas, cervecerías y asaderos a lo largo y ancho de la capital nortesantandereana. 

No hay lugar de la ciudad libre de estas ventas de comidas y bebidas – muchas sin los debidos controles sanitarios y de higiene –, y las que proliferan a cielo abierto ante la mirada cómplice de las autoridades. 

En los dos últimos años, los parques, las zonas verdes, los separadores, las islas, los garajes, los andenes, las terrazas, las calles, los pasajes y avenidas de Cúcuta vienen siendo objeto de la invasión y ocupación de estos negocios. 

La situación afecta todos los sectores residenciales y lo más grave es que no se vislumbra una solución inmediata o a largo plazo. 

Un informe de La Opinión publicado el pasado domingo nos revela que cerca de 60 hectáreas de espacio público desaparecieron ‘como por encanto’ y hoy están cubiertas de carpas, sillas, cocinas, mesas y vitrinas. 

Hasta la pasada administración se habían suscrito 22 convenios de explotación del espacio público en varios parques de la ciudad. 

Hoy no se tiene un censo actualizado sobre el crecimiento de este fenómeno, pero todo indica que está desbordado.

Se ha establecido que 296 áreas de cesión están plenamente identificadas en Cúcuta, pero en su mayoría han sido invadidas.

En otras capitales, sus autoridades son rigurosamente celosas con el espacio público y el amoblamiento urbano y permanecen vigilantes para que se cumplan las normas que los regulan en beneficio de la comunidad en general. 

No como ocurre entre nosotros que las autoridades autorizan y permiten el funcionamiento de restaurantes o comederos en todas partes y hasta en los andenes y en las vías públicas.  

El Concejo de Cúcuta aprobó dos acuerdos dándole facultades y autorizaciones a la actual administración municipal para que organice el espacio público y entregue en concesión el amoblamiento urbano, pero esto no se ha cumplido. 

Sería bueno saber por qué.   

 

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