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Editorial
Imaginación bien encausada
Maestros y estudiantes de la Fesc llegaron a la conclusión de que con los muertos se puede atraer visitantes.
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Viernes, 6 de Octubre de 2017

Imaginar. Este es el verbo que hace falta conjugar y poner en práctica en las oficinas de la burocracia estatal.

Muchos problemas perduran, e incluso se agravan con el paso del tiempo, por simple falta de imaginar soluciones, algo que es natural en el ser humano, aunque parece que no en todos los funcionarios públicos.

En Norte de Santander aún hay personas que se atreven a romper con la costumbre de aplicar siempre las mismas fórmulas, las mismas medicinas, para situaciones que, con los años, siguen ahí, tan campantes, y proponen cosas novedosas, llamativas, en fin, llenas de imaginación.

En la Fundación de Estudios Superiores de Comfanorte (Fesc) hay gente así, que no se contenta con lo que hay, que no se siente cómoda apelando a las recetas tradicionales, e inventa otras. Por fortuna, pues eso significa que Norte de Santander aún tiene salvación, y no está donde siempre se ha creído que está: en las oficinas del Estado. No, está en las aulas.

Ante la necesidad inaplazable de disponer de mecanismos que le generan ingresos a un departamento en grave crisis, como este, a un grupo de maestros y estudiantes de Fesc se les ocurrió que en el turismo, hacia el que se están encaminando esfuerzos, podría haber espacio para innovar, para hacer algo diferente al menos en nuestro medio.

Y llegaron a la conclusión acertada de que con los muertos se puede atraer visitantes que revivan el turismo que alguna vez tuvieron Cúcuta y el departamento. Es una paradoja —revivir con muertos— que al menos se sale de los esquemas, de lo común, de lo tradicional.

El paquete, para hablar en términos del turismo, incluye un tour por el Cementerio Central, el de siempre, para visitar tumbas de personajes de la región que, por alguna razón, hicieron historia y viven en ella, al parecer para siempre. Es lo mismo sucede en las principales ciudades turísticas de Europa y algunos países latinoamericanos, donde los muertos generan dinero. 

Todos son personajes de mostrar, aunque no todos para generar orgullo. Pero, para el caso, todos se convierten en atractivos para cualquiera que quiera acercarse a la cultura nortesantandereana y a su historia, y tener una idea, aunque sea ligera, de qué personas son las que han vivido aquí.

Está incluida la tumba de la Familia Febres-Cordero (su mérito es, al parecer, tener el mausoleo más antiguo que se conserva en el cementerio), la de Enrique Raffo (el hombre que trajo a Cúcuta el primer auto y dio paso al transporte público local), la de Hilda Pacheco (deportista de los años 30 y 40 a quien sus padres construyeron un hermoso mausoleo en estilo gótico). También, las de los personajes que enorgullecen, como el poeta y escritor Jorge Gaitán Durán, el músico y compositor (Brisas del Pamplonita) Elías M. Soto, y la de aquellos que construyeron el ferrocarril de Cúcuta.

También están en el plan las tumbas de Fabio ‘El mico’ Isaza, un delincuente al que algunas personas le rezan en procura de milagros, y de Antonio Yáñez, un hombre que nació para el Olimpo cucuteño en el momento en que su suegra lo quemó y lo mató.

La imaginación de los proponentes va un poco más allá, y tienen paquetes en los que los atractivos turísticos son cárceles o lugares con historia de paranormalidad, e incluso el viejo Gramalote.

Ideas así, aunque sea con muertos, son las que, por su novedad, pueden resucitar al alicaído departamento. 

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